HAY QUE LLEVAR ADELANTE UNA VERDADERA REVOLUCIÓN CONTRA EL SISTEMA CORRUPTO

La corrupción es el peor flagelo del siglo XXI

 1- Los objetivos de la Revolución                      10-Tomar el Poder

2- Los responsables de la Revolución    

11-La democracia “on line”
 3- El imperio de la Ley               12-Conformación de la red
 4- Delito de Traición a la Patria    13-Aislar al sistema corrupto

5- Juicio y castigo a los corruptos  

14-La primera meta
6- Transformación de las organizaciones públicas 15-La red y la integridad en la gestión pública
7 -El control social de la gestión del estado 16-Presentación de la Red
8 - La transformación cultural 17-Conclusiones y descarga emocional
9 - La red argentina contra la corrupción Volver

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1-Los Objetivos de la Revolución

  Los objetivos básicos de la revolución argentina contra el sistema corrupto no admiten debate y son:

 1 –  Establecer el Imperio de la ley
 2 –  Enjuiciar  y castigar a los corruptos genocidas con penas ejemplares 
 3 – Transformar todas las organizaciones públicas
 4 -  Generar mecanismos de control social de la gestión del estado
 5 -  Propiciar un profundo cambio cultural

 

Cumplir estos objetivos está por encima de todo lo que uno escucha en los programas de los partidos políticos e implica acciones concretas que nunca se llevaron delante de manera seria y sistemática. Basta con recordar la famosa cajita de cristal, para darse cuenta que el discurso tiene que estar sustentado por un plan de acciones sistemático y que pueda ser monitoreado  paso por paso. El pueblo argentino no puede seguir entregándose por palabras. Esto mismo que se dice aquí puede ser mañana o quizás hoy mismo el discurso de algún político más y puede ser dicho con gritos y exclamaciones mientras quien pronuncia el discurso es un ladrón. Es muy común que quien prendió el fuego pronuncie el responso en el entierro de los quemados. Acá el criminal no solo vuelve al lugar del crimen sino que vuelve como el detective que lo viene a investigar o como el juez que lo viene a juzgar. La corrupción corrompe hasta la brigada de anticorrupción. La corrupción puede propiciar una ley anticorrupción. Ser defensor del pueblo puede ser un negocio y el defensor un corrupto en Argentina. Un cura puede ser un degenerado y dar un sermón contra los degenerados. Un policía puede ser un ladrón y detener a un inocente.  Un abogado defensor un fiscal. Una tentadora pizza puede estar hecha con muzzarella con estiércol.  Ya no sabemos quién es quién ni qué cosa es qué cosa y dudamos.

 Esto es Argentina bajo el imperio de la corrupción.

 

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2- Los responsables de la  revolución

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llevar adelante una revolución contra el sistema corrupto argentino no es una responsabilidad que pueda arrogarse  un individuo o un grupo de individuos. Constituye una responsabilidad de cada ciudadano de éste pueblo. El liderazgo solo puede surgir de aquella otra Argentina, la de los buenos. No parece fácil. Los líderes políticos actuales encarnan el sistema corrupto, allí se formaron, allí ganaron dinero y poder, allí esperan desarrollarse y perpetuarse. Conocen el terreno y pueden cambiar de color como los camaleones y hacernos creer que son ovejas cuando en realidad son lobos. Siempre vienen montados en caballos de Troya. Una vez que están arriba saquean y destruyen y no hay barreras ni diques para su voracidad y su impunidad. Poco les importa la palabra empeñada ante todo un pueblo y menos hacer lo que no saben hacer, que es gobernar para todos. 

La revolución contra la corrupción no puede venir del interesado movimiento internacional que se viene desarrollando contra la corrupción con corresponsales locales, en la línea casi explícita de facilitar la inversión extranjera. No se trata de abolir "barreras comerciales" y de evitar el perjuicio que causa la falta de transparencia y la corrupción a las compañías foráneas de algunos países. Se trata de vidas humanas argentinas y de la dignidad de un país.

  La revolución contra la corrupción no puede de ninguna manera venir de los políticos, ni de los militares, ni de la guerra de guerrillas. Solo puede y debe venir de la sociedad, del Pueblo Argentino. ¿Cómo llevarla adelante? ¿De que manera nuestro  pueblo argentino podrá devenir el salvador de su propia nación y de su propio destino?. Por lo pronto el pueblo deberá cambiar y en ese cambio se juega el futuro de nuestros hijos y la resurrección de éste país que se llamó  Argentina.

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3 - El Imperio de la Ley

 

La vigencia de la ley es condición indispensable para poder vivir en una sociedad. Si no hay ley no hay país posible. La ley constituye el encuadre básico para poner orden en el caos. Siempre hay alguna ley que rige, emanada del poder público o emanada de la selva. En Argentina impera la ley de la selva y los códigos son los del sálvese quien pueda y todavía no llegó Tarzán, mas bien estamos regidos por las hienas y chacales. La corrupción es por naturaleza transgresora de la ley. La ley constituye pues, un dique para la corrupción en su formulación y en su resguardo. La ley por definición debe regir para todos y todos han de ser iguales ante la ley, petición de principios. Que lejos estamos. Quienes están conduciendo el país se manejan al margen de la ley o bien la acomodan a su conveniencia. En Argentina no impera la ley para los corruptos por dos motivos. El primero es que no hay leyes que contemplen la magnitud del impacto de la corrupción en la sociedad. Pensar en delitos excarcelables contra el pago de una fianza o un embargo de bienes parece absurdo, ya que lo que les sobra a los corruptos es el dinero. La corrupción en la gestión pública ni siquiera está contemplada en aspectos cruciales, como ser gravísimos perjuicios al patrimonio del estado por “mala praxis” absolutamente demostrable si se considera el desarrollo que han tenido las técnicas de gestión. No existen por ejemplo instancias legales que consideren un delito la designación arbitraria de funcionarios cuyos perfiles no se correspondan con las responsabilidades a cumplir o con las necesidades de las organizaciones. Tampoco existen fórmulas que impidan la gestión improvisada de cualquier organización pública. No existe una ley que exija la presentación de  planes estratégicos y que sancione o exija cuentas por el no-cumplimiento de las metas previstas. En Argentina es lo mismo una pésima gestión que una buena gestión. No hay sistema de evaluación ni premios y castigos. Así un funcionario que fue nefasto para una organización, puede volver por una segunda oportunidad o reincidir en otro organismo. Para quienes trabajan en organismos públicos estas reapariciones de personajes siniestros es moneda corriente. Y vienen por más. Resulta incomprensible que se toleren las aberraciones mas grandes, el despilfarro del patrimonio público, un deterioro que parece irreversible de los organismos estatales sin ninguna instancia que ponga un coto. 

 La segunda razón por la cual la ley no rige para los corruptos es que el poder judicial no tiene independencia del poder político con lo cual la impunidad está totalmente garantizada. Establecer el imperio de la ley en Argentina parece una tarea titánica, pero habrá que hacerlo a corto plazo al menos en lo referido a la gestión pública que es la cabeza corrupta del sistema perverso que nos rige. Debería el pueblo argentino abogar por la sanción de una ley que regule la gestión pública y que la encuadre en parámetros básicos éticos y técnicos en materia de gestión y transparencia.

 Los ciudadanos deben luchar por la sanción de una ley del ejercicio de la función pública que contemple:

 A ) Un encuadre político general en materia de gestión pública.

 Exigencia de presentación de un diagnóstico de desempeño y balance de situación patrimonial de los organismos cuando comienza una nueva gestión y cuando finaliza, con dictamen del parlamento nacional o regional sobre la calidad de la gestión realizada y cotejada con auditorías sociales.

Formulación y difusión de un Plan Estratégico  y Presupuesto para el período que dure la gestión.

Obligación de informar periódicamente a los organismos de control y a la comunidad acerca del desarrollo del plan estratégico, las metas alcanzadas y los recursos utilizados ya sea en audiencias públicas  o por otros medios. 

Obligación de dar continuidad a los planes y proyectos preexistentes a la gestión que asume en el marco de políticas coherentes.

 B ) Un encuadre para el funcionamiento de las organizaciones públicas

No admitir organizaciones que no tengan una estructura funcional definida en todos sus niveles y hasta el nivel de puestos de trabajo nominados y con sus correspondientes perfiles de asignación, categoría escalafonaria y sistema de competencias inherentes.

No admitir la contratación de personal que no se corresponda con las vacantes disponibles de puestos nominados o con necesidades reales de las organizaciones.

Unificar las modalidades de contratación de personal y no permitir contratos especiales con montos arbitrarios. 

No admitir organizaciones que no tengan planes de carrera, evaluación de desempeño del personal o planes de capacitación.

No admitir designaciones, movimientos  o contrataciones de personal sin cumplimentar instancias de selección y evaluación, ya sea a través de concursos abiertos o internos.

No admitir organizaciones públicas que no cumplan con leyes vigentes en materia previsional o laboral.

Imponer a las organizaciones públicas un código de ética que inhabilite ejemplarmente a quienes lo violen.

Amparar y proteger la fuente laboral de empleados públicos que denuncien irregularidades en las organizaciones en las que trabajan.

No admitir organizaciones públicas que no tengan una unidad de control de gestión que disponga de toda la información básica para poder tomar decisiones y evaluar el desempeño de todos los procesos comprometidos.

 C) Un régimen de sanciones y penalidades acordes con el mal desempeño en la gestión pública

  Establecer sanciones  ejemplares por “mala praxis” cuando se determinen falencias básicas de gestión o negligencias con impacto patrimonial o  incumplimiento de las metas preestablecidas.

  Establecer sanciones por propiciar acciones que no estén reglamentadas o que se aparten de la reglamentación interna de las organizaciones y amparar a los empleados que se resistan a cumplir órdenes verbales que no se correspondan con procedimientos y normas vigentes del organismo que se trate.

 Establecer sanciones por hacer caso omiso a observaciones y recomendaciones fundadas de las auditorías externas o internas de los organismos públicos.

 D) Un régimen de severas sanciones penales cuando se demuestren actos flagrantes de corrupción en organismos públicos para funcionarios y corruptores externos.

  Establecer sanciones  ejemplares por irregularidades en otorgamiento de concesiones, contrataciones de servicios o en compra de insumos para el Estado.

 Castigar severamente a las empresas privadas que interactuen irregularmente con el estado.

  Castigar severamente cuando se omitan controles o verificaciones de calidad y desempeño de servicios, concesiones u otras prestaciones de terceros contratadas por el Estado.

 E) Un régimen especial de tratamiento de causas vinculadas con la corrupción.

 Eliminar la prescripción de los delitos de corrupción.

Generar tribunales especiales para el rápido tratamiento de las causas. 

Incluir la intervención de peritos especializados  para dictaminar mediante análisis técnicos desvíos en la gestión pública.

 F) Un régimen especial de prevención de la corrupción.

Generar mecanismos legales que inhiban contrataciones, concesiones, o cualquier acción  arbitraria, falta de transparencia, de oportunidad dudosa en el marco de la gestión pública.

Incluir explícitamente en las leyes de control de la función pública la participación  de instancias de control social.

Si se logra encuadrar legalmente la responsabilidad en la Gestión Pública y generar mecanismos sistemáticos de respuesta frente a los desvíos se habrá ganado una parte importante de la batalla contra la corrupción. El pueblo Argentino no deberá avalar ningún programa político que no tenga en sus primeras acciones encarar una legislación acorde a la magnitud del problema, y realizar las modificaciones en  el sistema judicial para garantizar el funcionamiento del sistema. Esto es urgente, no admite prorrogas en el tiempo y quien no tome este tipo de acción como prioritaria debe ser catalogado de corrupto.

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4 - Delito de traición a la Patria

 

 En Argentina permanece impune quién comete terribles traiciones a la patria, trabajando abiertamente para planes concebidos en otros lugares, planes sistemáticos de destrucción y de entrega del País. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere escuchar. Han vaciado el país, lo han dejado indefenso, han permitido la depredación de sus recursos, han negociado con el extranjero en condiciones completamente desfavorables para los compatriotas. Han cedido y seguirán cediendo territorio nacional. No tiene sentido seguir desarrollando lo que todos padecemos. No hay ley que contemple este delito terrible, que en general se pagó y se paga en algunos países del primer mundo con la muerte.  No tenemos garantías ni resguardo contra la traición. Debería entonces legislarse e incluirse en la Constitución Nacional un marco regulatorio de políticas de estado que abiertamente comprometan la soberanía nacional, los recursos estratégicos, el territorio nacional y su defensa. Esto parece obvio, sin embargo de haber existido un encuadre de este tipo no se habría desmantelado y entregado con tanta ligereza el País como se hizo. Las presiones externas siempre existieron y siempre existirán, con la globalización, antes de ella y después. Pero distinta sería la respuesta de patriotas frente a estas exigencias. Los traidores no vacilan en dar curso a su miserable ambición puesto que existe impunidad y así es que todavía hablan por televisión pero nadie les pregunta, ¿porqué vendieron la Patria? Y si el pueblo no lo hace, los jueces tampoco lo harán.

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5- Juicio y castigo a los corruptos

 

El pueblo Argentino debe exigir el juicio y castigo de quienes son responsables de la terrible situación que atraviesa el país. Resulta intolerable que las acciones encaradas en materia de corrupción hayan apuntado a personajes emblemáticos que generalmente resultan absueltos, constituyendo una burla para la ciudadanía que,  padeciendo, siendo víctima directa de los delitos cometidos, ve como salen impunes y parece un chiste que nuestros prestigiosos fiscales no logren jamás demostrar que hubo delito o prolonguen las causas hasta que el olvido o la prescripción las lleven al archivo eterno. También estas “causas ejemplares” están revestidas de sensacionalismo y oportunismo, lo cual contamina desde el vamos la seriedad de los procesos. Uno no sabe si se trata de un juez que quiere obtener prensa para luego dedicarse a la política, o si hay un arreglo previo con los adversarios políticos de los personajes cuestionados, o si se trata de maniobras de distracción de la opinión pública en complicidad con los medios rentados. Y los ciudadanos sedientos de justicia no vislumbran un norte de esperanza.  En el marco de la crisis que atraviesa la justicia  argentina en general, la falta de credibilidad, los enormes tiempos de ciclo, jueces cuestionados, corte suprema repudiada por el pueblo, resultaría primordial para la Nación, encarar con seriedad acciones contundentes en materia de enjuiciamiento de corruptos. Uno camina por las calles de Buenos Aires y tiene a la vista tremendas violaciones del código de urbanismo. En una zona donde la altura máxima de los edificios es de 8 pisos, sobresale una torre de 20 pisos. ¿Que mas falta para saber que hubo fraude, coimas, corrupción?. La Sociedad tiene que poder reaccionar y exigir justicia, y la justicia tiene que llegar a toda velocidad, como una ambulancia. Hoy por hoy esperamos una carroza alegórica que no llega nunca. Los Argentinos queremos ver como uno a uno van presos los que desmantelaron el país. Queremos ver como devuelven lo que robaron, pero no solo los ricos y famosos, hay muchos que son ricos y no son famosos, Intendentes, concejales, legisladores o algunos “parientes, amigos o  también algunos vivos, funcionarios de medio pelo que viven como reyes. En general no pueden evitar ostentar por lo cual solo pasan desapercibidos para la Justicia.  Pero también el pueblo argentino quiere juicio y castigo a otros partícipes del sistema corrupto argentino. Quiere ver presos a los escribanos que solucionan problemas para poner a nombre de testaferros los bienes de los corruptos, a los eminentes responsables de estudios jurídicos que lucran con el estado nacional, o también a los changarines que cobran por acelerar un trámite o emitir un permiso de conducir trucho. En nuestros días ni siquiera van presos los asesinos por lo cual parece casi imposible lograr estas metas necesarias. Sin embargo por algún lugar hay que empezar y es por los funcionarios corruptos, responsables directos del cambalache en que vivimos. La sociedad debe insistir por todas las vías para lograr que se haga justicia. El Gobierno del señor aburrido alcanzó el poder con una bandera de éste tipo. Se acabó la fiesta dijo, y como en tantas otras cosas no cumplió, y se despidió de su histórico mandato favoreciendo un pago a su cuñado, obviamente proveedor del estado según un medio periodístico que dedicó una página a ese tema y....nunca más se oyó hablar del asunto. Materializar el accionar de la justicia tampoco parece ser un objetivo de los políticos cualquiera sea su partido, por lo cual aquí también, solo el pueblo argentino, la sociedad entera con su repudio puede impulsar un cambio contundente en la justicia.

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6 - Transformación de las Organizaciones Públicas

El conjunto de las organizaciones públicas, entes gubernamentales, organismos de la seguridad social, municipios, ministerios, secretarías, juzgados, organismos descentralizados, constituyen los órganos de ejecución de las acciones de Gobierno. El Estado Nacional es el conjunto de responsabilidades distribuidas en los distintos organismos de planificación, gestión, contralor o administración. La gestión de los organismos públicos está directamente relacionada con la gestión del país. El sistema corrupto argentino está terriblemente enquistado en toda la red de organismos públicos, casi sin excepción. Los ejes de la corrupción en las organizaciones están estrictamente vinculados con la actividad político /partidaria y constituyen verdaderos cotos de caza toda vez que asume un nuevo gobierno y resultan altamente vulnerables a la corrupción. La vulnerabilidad de estos organismos a la corrupción es una meta, bastante bien lograda por el sistema corrupto. No es difícil observar que a pesar del enorme desarrollo que han alcanzado en el mundo moderno las técnicas de gestión, con la enorme facilidad que brinda la tecnología no se haya logrado en la Argentina “del primer mundo” un mejoramiento en el desempeño de las organizaciones públicas. Sistemas obsoletos, falta de información para la toma de decisiones, falta de planificación estratégica, funcionamiento compartimentado, falta de políticas coherentes de recursos humanos, procedimientos administrativos absolutamente imposibles de diagramar por su engorrosidad, son algunas de las características que sintetizan la vulnerabilidad del Estado Nacional frente al sistema corrupto. Si a esto agregamos la deficiente prestación que brindan a la ciudadanía se concluye que las organizaciones argentinas se quedaron en el tiempo. No han aprendido porque no las han dejado aprender. Transformar las organizaciones públicas no es una cuestión meramente de recursos y es menos difícil de lo que parece. Si se sumaran los recursos dilapidados por la falta de planificación y políticas, por la corrupción de los perfiles, por la pésima administración y la desidia intencionada de quienes las conducen nos daríamos cuenta de la magnitud del perjuicio que han causado las distintas gestiones políticas a la Nación y a sus ciudadanos y simultáneamente llegaríamos a la conclusión de que el cambio es posible, el ajuste es posible sin despedir un solo empleado público de manera arbitraria e injusta. Los culpables no son los empleados públicos ni por su calidad ni por su cantidad. El problema está en la corrupción que ha creado un embudo donde se dilapidan los recursos cada vez mas escasos.

 Para transformar las organizaciones públicas simplemente hace falta volver a la misión de cada organismo. Que cada organismo se oriente a la misión para la cual fue creado y que cada uno haga lo que tiene que hacer. Que cada empleado haga aquello por lo que pagan y le paguen por lo que vale su esfuerzo. Esto es así de simple y el mayor obstáculo para lograrlo y que aparece casi como una barrera de imposibilidades es el sistema corrupto. Para lograr este cambio solo hace falta direccionarlo y llevarlo adelante con quienes saben, la propia gente que trabaja en las organizaciones, aquellos que desde hace años saben lo que está mal y como solucionarlo y no los han dejado. Esta metodología permite resultados asombrosos en muy poco tiempo y con escasos recursos. Pero lejos estamos de ver una alternativa si no logramos despojarlas de la corruptela. La organizaciones públicas o dicho de otra forma, el Estado Nacional, requieren de un marco legal que  establezca pautas básicas de gestión que deben ser respetadas. Es inconcebible que una organización que maneja el tercer presupuesto de la Nación, como el Pami, trabaje sin un plan estratégico, que no tenga una política de Recursos Humanos cuando maneja una planta de 11000 empleados. Que no tenga información básica para gestionar la salud de casi cuatro millones de personas. No admite el menor análisis. Cuando algo obvio falta, cuando algo simple no se puede lograr, cuando el pintor arregla cañerías y el plomero pinta, ahí está la corrupción. Sintetizando, la revolución argentina contra la corrupción debe pasar por la transformación de las organizaciones públicas en una verdadera reforma del estado, no se trata de las reformas fundadas en ajustes salvajes que caen sobre trabajadores, jubilados y las familias argentinas. Se trata de una reforma en serio,  que elimine el costo de la corrupción.

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7- El control social de la gestión del Estado

 

Está visto en Argentina que la corrupción conforma un sistema perverso y virulento, altamente enquistado en la gestión pública y que prácticamente ha hecho inviable el sistema democrático ya que ha contaminado los tres pilares del estado. La gestión del estado está controlada por los organismos específicos que son la Auditoría General de la Nación y la Sindicatura. Resulta absolutamente evidente que el accionar de los mismos no ha logrado interceder a favor de una gestión transparente e integra de los organismos públicos. Los que controlan son los mismos que ejecutan, están vinculados por los códigos de la politiquería y la corruptela por lo cual han fracasado en Argentina. Seguramente muchos funcionarios altamente capacitados que conforman esos organismos  asistirán con impotencia y resignación al desfile de barbaries cometidas en estos últimos años. Cientos de informes han de dormir en los archivos llenos de telarañas para beneficio del sistema corrupto.  Por lo cual y nuevamente tenemos que concluir que los entes de control están también corroídos, sino corruptos y que no se puede esperar un cambio que provenga de ese sector. No es muy diferente la situación de la oficina Anticorrupción a juzgar por las estadística publicadas. Cuando uno observa las causas generadas por incumplimiento de los deberes del funcionario público no sabe si reírse o llorar. La única posibilidad de poner coto a la arbitrariedad y el saqueo de los políticos y su séquito de delincuentes es fortalecer los mecanismos de control. Si los mecanismos oficiales de control no sirven, entonces la sociedad entera, el pueblo Argentino, desde su mas humilde rincón  deberá convertirse en un contralor implacable de la gestión pública. Cada ciudadano tiene que aprender a unirse con otros que padecen los mismos males. Cada ciudadano tiene que exigir que las organizaciones públicas sean transparentes y eficientes.  Cada ciudadano que trabaja en una organización pública tiene que juntarse con todos sus compañeros y expulsar o al menos aislar a la corruptela cuando desembarca. Cada ciudadano tiene que ser valiente porque de otro modo ya no quedará nada. Cada usuario de un servicio público tiene que juntarse con todos aquellos que como él,  padecen de la ineficiencia costosísima para el beneficio de unos pocos.

Los ciudadanos deben constituir redes organizadas contra la corrupción en cada punto del país, en cada rubro de actividad. La guerra contra el sistema corrupto debe ser a muerte porque de otro modo morimos nosotros, perdemos nuestros empleos, padecemos ultrajes y perdemos a nuestros hijos porque ya sin esperanzas emigrarán. Es un precio demasiado alto por complacer a ladrones sin valores, sin principios éticos, burros, traidores y alcahuetes. Ellos pueblan las organizaciones públicas  y es una prioridad de la revolución argentina contra la corrupción hacerlos desaparecer de la gestión del estado y no permitir un solo acto que se desvíe de lo que marca el deber para con la Patria  y para con cada Argentino.

 

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8- La transformación cultural

 

Pero el compromiso mas grande de la Revolución Argentina contra la corrupción es el de propiciar una profunda transformación cultural. Argentina habrá de entender que la vida en sociedad tiene que tener ciertas reglas, y esto no tiene nada que ver con condicionamientos o restricciones a la libertad de los individuos. Tiene que ver básicamente con el respeto sin el cual no hay libertad posible. Argentina se ha convertido en un país libertino para algunos y esclavista para otros. Los libertinos esclavizan a los ciudadanos respetuosos del prójimo, a los respetuosos de la ley y contaminan los espacios públicos impunemente. Hay un vínculo invertido entre la corrupción y estética. La corrupción y el libertinaje vuelven definitivamente fea la vida en Argentina. Queremos una Argentina Bella, donde se respeten las formas elementales, donde se pueda vivir en comunidad, donde no se gaste una tremenda energía en protegerse de la corruptela. Tampoco existe un líder que pueda llevar adelante una tarea semejante en toda la generación, o mejor dicho “degeneración” de la clase política que padecemos. Nuevos horizontes, nuevas caras. Aprender a reconocer estas caras implica una necesidad urgente para la sociedad argentina. Aprender a discernir quienes han de conducirlo, aprender a distinguir la capacidad del  “verso” y de la “pinta”. Aprender a buscar más hondo en el pensamiento y la ética de los conductores de hombres. Aprender a distinguir el brillo de la ambición miserable de poder en los ojos del chanta que se postula como salvador de la Patria. Eso exige un cambio tremendo en la cultura argentina, cautivada por las fachadas, por lo externo, por la forma y sin paciencia ni tolerancia para ver contenidos. Aquí los sabios son “tapados” y es muy raro que se destaque alguien brillante por su talento, por su conocimiento, por su experiencia. Sin embargo, en muy poco tiempo alzamos a la fama y al podio a charlatanes de feria que aprendieron a cautivar con el tono de su voz y con el entusiasmo que despierta la mentira y la estupidez. Argentinos despertemos, el patriota, el héroe que esperamos como líder de la salvación de nuestra patria tal vez tenga el siguiente perfil:

 

§         Pocas veces hablaría de sí mismo.

 

§         Tendría un fuerte sentido de la misión por encima de sus afanes, y pasaría desapercibido en la multitud.

 

§         Más que orgullo tendría dignidad.

 

§        Sería austero en sus gustos y respetuoso en el trato.

 

§         Sería capaz de sostener una posición con argumentos sólidos, de escuchar las criticas sensatas y cambiar el rumbo cuando haya que cambiarlo.

 

§         Podría reconocer errores a tiempo y encontrar alternativas pues quien tiene dignidad no sabe que es la necedad.

 No impondría pero si  podría convencer con el ejemplo y con resultados,  porque su vida no estaría separada de sus palabras.

Sería prudente en sus apreciaciones y antes que prometer cosas diría como hay que hacer para lograrlas y cuanto esfuerzo han de demandar.

Trabajaría sobre lo importante para que no se reiteren los problemas.  

§         Tendría tolerancia cero para la chantada o la viveza criolla.

 Trabajaría con los mejores, aunque no sean amigos del golf, peluqueros o cuñados.

  Condicionaría todas sus acciones  a la respuesta  afirmativa a  preguntas básicas:

 

         ¿Esto es bueno para todos los argentinos?.

 

         ¿Esto es bueno para el futuro de nuestros hijos?

 

         ¿Esto contribuye a una Argentina mas rica , mas soberana y mas noble?.

 

         ¿Esto disminuye la pobreza y mejora la calidad de vida de los sectores mas       necesitados?.

 

          ¿Esto fortalece la conciencia cívica y democrática?.

 

           ¿Esto es Ético?

 

         ¿Esto preserva los derechos humanos?

 

         ¿Esto preserva el medio ambiente?

 

Hay cosas que no se pueden negociar, y el líder que esperamos tiene que tenerlas bien puestas para  preservar esas cosas aún contra sus propios intereses personales y contra cualquier presión externa o interna.

Sin embargo, cuando los argentinos pensamos que el destino de Argentina es irreversible  en manos de éstos dirigentes, olvidamos que hay otra parte, la de los que están a la sombra porque los políticos saben que estas personas, los brillantes por sí mismos, inteligentes y nobles, estorban. Desde hace años se persigue sistemáticamente a la gente pensante, inteligente y honesta de la esfera pública y en muchos casos de la privada. Muchos, ingenuamente pusieron sus conocimientos y capacidad para brindar cobertura de imagen a unos cuantos chantas que los utilizaron como carta de presentación o para encubrir sus intenciones inconfesables. En síntesis el pueblo argentino debe aprender los primeros pasos de una democracia que nunca fue. Tiene que aprender fundamentalmente  a ELEGIR. Quien parezca que tiene todo resuelto, quién haga alarde de hacerlo rápido y fácil. Quien prometa transformaciones sin un plan consistente, quien utilice asesores de imagen, se tiña el pelo o se opere la cola, quién lea discursos escritos por otros, nos está mintiendo. Quién nos someta a terribles sacrificios, sin decirnos para qué, sin mostrarnos resultados concretos, sin hacernos sentir y comprobar que estamos trabajando para un futuro de prosperidad, es un corrupto. En la esfera privada es igual, los chantas se disfrazan de tecnócratas trajeados, invierten en cursos de management y hablan en inglés. Así es que ocupan posiciones importantes en las compañías y se convierten en personas importantes. Son los aplicadores de modelos de manual,  que aprendieron tres o cuatro cuestiones y vienen a implementar a rajatabla. Son los mentores de esta cultura que vino a generar ajustes, despidos  a granel para anotarse un poroto e ir a los directores a decirles: - Ahorraremos tanta plata!. El nivel de injusticias cometidas en materia de desvinculaciones laborales no tiene nombre. Tampoco las empresas evaluaron el costo de desprenderse de empleados de años, que conocían el negocio y que además en muchos casos constituían el nexo con los clientes. Cuando en las mas modernas concepciones del management se tratan temas como la lealtad con y de los empleados, la lealtad con los clientes y la fidelización, aquí las empresas optaron por la contraria. En general son empresas desleales con sus clientes, con sus empleados y compiten con deslealtad en el mercado. La alternativa de las reducciones de personal como variable de ajuste siempre es la mas fácil en Argentina. Por  eso es la mas utilizada por los yupis argentinos, esos híbridos que ganan mucho dinero por su “garra” y que en definitiva forman parte de la fauna de chantas  con los que nos toca vivir. Su puntaje es el de la cantidad de cabezas cortadas, como los de muchos tecnócratas que recorrieron con esa mentalidad las organizaciones públicas argentinas en los años noventa. Cuando están los chantas al poder, y se requieren los famosos ajustes, lo mas rápido en la gestión pública es  echar gente o bajar los sueldos. El colmo fue la quita del 13 % a  los jubilados. Algo que no se puede creer. Todo este tipo de ajuste de achique, de ajuste de miseria, nunca tiene un correlato en el crecimiento y desarrollo de la Nación. o con el mejoramiento de las organizaciones y los servicios que prestan. El problema básico es que el chanta busca la inmediatez y es incapaz de proponer alternativas inteligentes que permitan ajustes reales y responsables o  bien evitarlos. Así también uno tiene que aprender en Argentina a distinguir al estafador del honesto, al represor del policía, al pintor de brocha gorda del  artista, al médico del  curandero,  al padre del hijo, al cura de la iglesia, al dictador del militar. Al periodista del juez, a la Biblia del Calefón. Hay mucha confusión en la sociedad argentina. Si alguna vez se empiezan a hacer estas distinciones habremos dado un enorme paso contra la corrupción porque el sistema corrupto argentino se sostiene en el cambalache.

 

Otro gravísimo problema cultural que debe ser modificado es la impunidad del falaz y el ignorante y la excesiva prudencia del inteligente y veraz. El que habla mas fuerte tiene razón en Argentina. Por algún motivo cuando un mentiroso  o ignorante es increpado, rápidamente  se afirma en una posición inversa y acusa al increpador veraz de manera tal que se convierte en víctima y no tarda en obtener consenso. Por eso quien tiene la razón muchas veces es tratado de loco y marginado. En Argentina el mentiroso y el ignorante  es el que hace valer su razón y circula impune por la vida. Esto hace que el resto de los ciudadanos eviten increpar mentirosos o cuestionar ignorantes, porque en general ese accionar despierta reacciones virulentas  y siempre se queda mal parado. Este talento de los mentirosos  y de los vivos argentinos es tal, que se ha enquistado en el dinamismo de la sociedad

Prácticamente han logrado doblegar a la razón, a la inteligencia y también  a la estética de la vida en sociedad porque no hay nada más feo que los burros opinando con voz grave y seria. Realmente hacen como que saben y así convencen al pueblo cuando son políticos, a los clientes cuando son vendedores, a los empleados cuando son jefes, a los jueces cuando están procesados. Entonces los argentinos tienen que aprender a tener tolerancia cero con los burros, chantas, fanfarrones y caraduras, tienen que aprender a desnudarlos en todos los sectores donde se encuentren y a combatir el chanta que cada uno de nosotros ha sabido incorporar, a veces para poder sobrevivir.

 

Cuando vemos el tránsito en la ciudad de Buenos Aires es cuando entendemos que algo no funciona en la cultura argentina. Un ejemplo son los famosos carriles en las avenidas. Uno corre un tremendo riesgo si los respeta porque pareciera que es imposible circular entre líneas y lo mas probable es que quien quiera circular ordenadamente no tardará en ser apartado del carril o en tener un accidente. Esto es un símbolo cabal del efecto de la corrupción, que no respeta y presiona a los demás a no respetar. El código que prevalece es el de que está fuera de la norma y los resultados en éste rubro son elocuentes; Argentina es uno de los países que lideran el ranking de muertes en accidentes de tránsito. Este mecanismo prevalece en la vida Argentina, por eso podríamos de decir simbólicamente que nuestro país se va a ordenar cuando se ordene el tránsito y que cuando nuestro país se ordene el transito también lo hará.

 

Otro problema cultural básico del trajín argentino es la sentencia. Los argentinos somos sentenciosos y condenatorios. Nos encanta encontrar rápidamente al culpable sin juicio previo y somos capaces de gritarle “asesino” antes de que dictamine un juez. En este punto es donde somos vulnerables a la manipulación de los medios de prensa o del gobierno. Si un diario publica una presunción, el pueblo lo da por cosa juzgada y concurre a repudiar a los tribunales. Así es como también nos manejamos con la presunción de honestidad e inteligencia, por eso nos engañamos tan fácilmente estos últimos años cuando vamos a las urnas y esto el sistema corrupto los sabe  y lo utiliza hasta sus últimas consecuencias. No es difícil en Argentina hacer caer un ídolo, ensuciar a las personas y dejarlas fuera de combate en el terreno de las ideas o de los hechos. Estamos hablando de utilizar la opinión pública para hacer caer un adversario político ,  para promover a un delfín o para promover actitudes con el fin de obtener algún rédito inconfesable. Los Argentinos tenemos que aprender a leer entre líneas, a ser prudentes  y a no quedarnos con titulares de la prensa amarilla que prevalece por desgracia en Argentina. Saben que nos indignamos con facilidad, saben que nos enojamos con facilidad y que adherimos sin más a las descalificaciones. Esto es sumamente peligroso. Los ciudadanos argentinos tienen que aprender a desprenderse de prejuicios , a generar opinión propia  y no  ser más la víctima de los formadores de opinión.  A veces la difusión de posturas, ideas, opiniones genera un encuadre ideológico tan fuerte que hace que aún pensando lo contrario uno no lo exprese porque se opone “a lo que piensan todos los argentinos”, cuando en realidad lo piensan uno pocos porque les conviene. La presión social sustentada en prejuicios sobre el pensamiento individual es muy fuerte en Argentina. Cuando las cosas van mal, “nadie votó al candidato”. Cuando los argentinos entendamos que podemos pensar mas allá de esta creencia acerca de que lo que vale es lo que piensan “todos los argentinos” el sistema corrupto será mas vulnerable. Muchos corruptos han representado lo que “piensan todos los argentinos”, cuando en realidad casi nadie piensa eso en la soledad o en sus grupos íntimos. Quién se anima a evaluar objetivamente en éste país algunas cuestiones del presente y otras del pasado,  como ser el rol de la policía en las manifestaciones, la guerrilla y los militares, Yabrán y Cabezas, Monzón y su ex esposa, Maradona, el fútbol y la droga, San Martín y su vida sexual. Estos son ejemplos significativos de la pérdida de objetividad de la sociedad argentina encarnada por los medios. ¿Quién sería capaz de negar la afirmación de algunas posiciones tomadas?. Pues a juzgar por la prensa, TODO EL PUEBLO ARGENTINO piensa que,  TODOS los policías son malos porque reprimen, porque roban, porque piden pizza. TODOS los militares son torturadores y asesinos. TODOS los empleados públicos son ñoquis. El mismo fenómeno ocurre con algunas acciones de gobierno sustentadas con la opinión de “todos” los argentinos. Algunas privatizaciones nefastas se hicieron sobre ese esquema irrefutable de pensamiento unánime sobre las empresas del estado sin plantear siquiera un plan serio para mejorar la administración corrupta de las mismas. Es como si existieran determinadas bolsas para meter ahí todo, como ser, las empresas del estado, los policías, los militares, los empleados públicos, los jueces, los abogados,  los psicólogos. Esas bolsas ideológicas cargadas de estereotipos son pilares del sistema corrupto argentino, por eso los argentinos tenemos que empezar a separar la paja del trigo y a decir “Algunos”, en lugar de todos, aunque tratándose de políticos esto resulta mas difícil.

 

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9 - La red argentina contra la corrupción

 

La revolución argentina contra la corrupción es una bandera de preservación de la sociedad argentina. La manera de llevarla adelante consiste simplemente en compartir un código de tolerancia cero a la corrupción.  Las armas de la sociedad son las urnas,  la ley, la justicia,  la opinión pública, la prensa independiente y la protesta organizada.  Hoy nuestra sociedad está desarmada y a merced del sistema corrupto. En las urnas votamos listas sábanas que incluyen ilustres desconocidos. Hemos votado personas insanas, corruptos, asesinos y burros. Personas que deben resolver cuestiones terriblemente delicadas y defender nuestros intereses no tienen en algunos casos ni siquiera una alfabetización mínima. Así es que hay muchos representantes que se eternizan en el Congreso de la Nación o en las cámaras provinciales, cobrando dietas bochornosas y quienes los votaron no saben que hacen o hicieron. Por otra parte la ley está siempre acomodada a la medida de intereses inconfesables, reelecciones de funcionarios, beneficios para monopolios o intereses foráneos o simplemente para facilitar el accionar del sistema corrupto que ha permanecido impune a lo largo de todos estos años de saqueo. Estamos lejos del imperio de la ley y la administración de justicia. Rápidamente nos embargan por no poder pagar una tarjeta de crédito pero difícilmente  embarguen a un funcionario corrupto que se robó millones de pesos del erario público. La prensa está lejos de ser un efectivo medio de control social en Argentina. En general termina sirviendo a intereses particulares o internas del sistema corrupto por su falta de profundidad y postura crítica frente a la corrupción. Publican un tremendo reportaje de dos páginas a un interventor o funcionario político  a sabiendas de que es un corrupto y no dan espacio para otras versiones, como ser los ciudadanos o empleados públicos del organismo que se trate. Es sorprendente ver la distorsión de la realidad que admite este estilo de prensa. Cuando uno escucha  o lee información sobre gestión pública y de alguna manera participa de esa gestión no puede dejar de sorprenderse de cómo se arregla el discurso de manera tal que lo que menos aparece es la realidad. Hacen decir lo que no se dijo, disfrazan lo que se dijo,  o inducen posturas críticas infundadas. Tal el talento de nuestros medios de prensa.  En todo caso no existe una cultura sistemática de los medios para convertirse en una herramienta poderosa de control social. Por lo pronto su accionar no está ligado con una estructura mas abarcativa de respuesta social frente a la corrupción y las acciones son aisladas, siempre con una intención adicional de producir impacto, de grandes títulos y poco contenido. Por último la sociedad argentina no tiene una organización para hacer frente al sistema corrupto. La cultura de los grandes partidos tradicionales nos ha dejado sin opciones de participación desvirtuando totalmente el sistema democrático en sus fundamentos. Quien quiera hacer las cosas bien, transformar el país, promover el imperio de la ley y la justicia, mejorar la situación de los mas necesitados, quién de alguna manera tenga ideales acordes con la idea de Patria, no tiene donde militar ni a quién votar. Los argentinos estamos solos contra el mundo, solos contra esta terrible preponderancia y prevalencia de la corrupción y la impunidad. Quién se mueva está casi condenado de antemano porque no existe un espacio en este contexto. Cualquier acto es una especie de inmolación individual al mejor estilo “bonzo”. El sistema corrupto es lo suficientemente fuerte como para desmantelar cualquier iniciativa, denuncia o acto de patriotismo.  Sin embargo algo pasó en Argentina. Sonaron las cacerolas y es un principio. Con el país casi desmantelado, en una situación cercana al caos ha despertado Argentina. Tal vez sea nuestro temperamento el de reaccionar cuando ya estamos en los límites pero de cualquier manera es mejor que no hacerlo nunca. ¿Como hacer que ese grito no se ahogue y se convierta en un lamento de agonía?. La respuesta es una sola:

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10 -Tomar el Poder!

 

El objetivo de las famosas guerras revolucionarias siempre ha sido la toma del poder. El objetivo de nuestra lucha contra la corrupción, la de quienes pretendemos salvar a la Argentina, salvar a nuestros hijos es tomar el poder. Tomar el poder significa simplemente “usar” el poder que ya tenemos que es el poder que nos asigna la democracia. El poder del pueblo. La sociedad argentina ha resignado el poder al Sistema Corrupto. Nos hemos dejado arrebatar nuestros derechos mas elementales, hemos dejado que nos arrebaten nuestro patrimonio nacional, que arrebaten nuestro dinero producto del esfuerzo y del trabajo, que nos dejen sin trabajo, hemos tolerado la injusticia y la impunidad. Hemos visto crecer la miseria, la violencia y la marginalidad a niveles nunca vistos y sin anticipar las consecuencias a corto y mediano plazo de no hacer nada al respecto. Hemos permitido que se tomen las decisiones mas aberrantes, que se dilapiden nuestras reservas naturales, que se destruya el aparato productivo, que se desmantelen las fuerzas armadas dejando al país completamente indefenso, mientras los países vecinos se arman hasta los dientes, que casi no quede nada y que definitivamente Argentina no sea un país digno de ser vivido. Nos lo señalan nuestros jóvenes haciendo colas en embajadas y consulados extranjeros.  Es hora de decir basta, pero de la manera mas inteligente. La inteligencia sumada al patriotismo es el peor enemigo de la corrupción. Solo falta que la otra Argentina, la que no tuvo protagonismo en estas últimas décadas despierte de una vez por todas, o definitivamente no veremos ni nosotros ni nuestros hijos aquel país que soñaron nuestros antepasados.  Tenemos que quitarnos ese fantasma de impotencia y de resignación frente a estas bandas de traidores, tenemos que quitarnos la fantasía de que contra ellos no se puede, tenemos que armarnos de coraje y luchar por lo que es nuestro y que casi hemos resignado. Tenemos que pensar que en esta película ya ganaron los malos durante mucho tiempo y va llegando el tiempo de los buenos. El sistema corrupto está en decadencia pero por desgracia arrastra en su caída a toda la Nación. La sociedad argentina no ha encontrado canales para ejercer el poder que representa mas allá de sus representantes, la sociedad argentina no ha tomado conciencia del poder que efectivamente tiene. Despertar esa conciencia de fuerza es una tarea de la revolución argentina contra el sistema corrupto. Convertir esa fuerza en una organización inteligente es la tarea de los líderes del futuro. Cuando decimos futuro, decimos “mañana” y cuando decimos “mañana” estamos diciendo ahora porque ya no queda mas tiempo.

La tecnología  y el desarrollo de los medios de comunicación constituyen armas fundamentales en este ejercicio del poder del supremo. La alternativa  inmediata contra la corrupción es solamente la conformación de redes de control social de la gestión del estado. No alcanzan los defensores del pueblo o algunas fundaciones que vieron “el nicho” del poder ciudadano y lo convirtieron en un asunto tibio. Hoy es necesario constituir un verdadero sistema de vigilancia “epidemiológica” de la gestión del estado. La sociedad tiene que monitorear  la gestión del estado y disponer de mecanismos de alerta temprana, de prevención y erradicación de la corrupción. El camino es un camino a construir pero si hay que empezar por algún lugar es por la educación, por el compromiso y por el control de la gestión pública. Si se termina la impunidad del sistema corrupto en la gestión pública el país puede salir de la crisis en poco tiempo. La gestión pública se materializa en la gestión de los organismos públicos y  fortalecer la integridad de los organismos públicos es un deber de cada ciudadano. Ministerios, entes gubernamentales, parlamentos, son el terreno donde se mueve el sistema corrupto. Gobiernos provinciales, municipios, instituciones, organismos descentralizados o autárquicos con intervención del Estado. Ahí tiene que operar el control social porque es el territorio usurpado por los corruptos es el terreno donde se dilapidan los fondos públicos y donde se teje la desgracia en la que estamos envueltos.

 

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11- La democracia “on line”

 

Hoy mas que nunca la tecnología favorece la verdadera democracia. Hoy es posible exigir transparencia  a  la gestión pública prácticamente online.   La sociedad no puede esperar que termine  un mandato presidencial para reaccionar a las barbaries que hacen los gobiernos corruptos en Argentina. La democracia en nuestros días tiene que funcionar como control en tiempo real del desarrollo de las gestiones de gobierno en todos los niveles. Si esperamos al próximo mandato no quedará nada de nada. Es inaceptable ver como los discursos de campaña se desvanecen en unos pocos días y los predicadores se convierten en lobos insusceptibles para sus compatriotas y ovejitas para los extranjeros, tirando por tierra todas sus promesas y nuestras esperanzas con la mas grande impunidad. La sociedad argentina debe armar mecanismos democráticos originales y forzar al imperio de la ley, de la justicia y de todos los recursos de los que dispone. No hay que inventar nada, mas bien hay que hacer funcionar lo que hay. Los corruptos siempre traen planes innovadores y prometen cambios sensacionales, lo que nunca hacen es hacer funcionar lo que hay. La sociedad tiene armas poderosas para contrarrestar el sistema corrupto. La sociedad en Argentina no ha tomado conciencia de su fuerza y de su poder. No lo ha hecho en la defensa de sus intereses en la selva del mercado. Así es que la regulación de precios por comportamiento de los consumidores no ha funcionado en Argentina. Los argentinos no fuimos capaces de tomar actitudes comprometidas y decir por ejemplo, no subimos nunca mas a un avión hasta que no bajen las tarifas de cabotaje. Hemos volado en aviones obsoletos, con tarifas terriblemente altas, sin confort, apretados como ganado y sin embargo las compañías dicen que se fundieron. No hicieron inversión, bajaron sus costos, echaron gente, porque de alguna manera se lo permitimos. En realidad les permitimos que se lleven millones y millones de dólares. La sociedad argentina necesita estar unida y comprometida para hacer sentir su poder en la regulación de los mercados y también en la erradicación de la corrupción. La sociedad argentina está dividida por el accionar persistente del sistema corrupto que nos ha sumergido en la soledad del egoísmo, del sálvese quien pueda, de la comodidad y de la falta de esperanza. Nos han hecho creer que somos una sociedad dividida, que estamos solos, que estamos locos, que es el país que no tiene arreglo, que es un país de hijos de su madre. Sin embargo las cacerolas hicieron temblar a mas de un corrupto y mucho mas habrán de temblar cuando se oiga el rugido del pueblo organizado, del pueblo maduro por las penurias, al pueblo crecido por la indignación. Las hienas solo reinan cuando el león duerme.

 

El pueblo que ruge hace temblar el sistema corrupto pero no alcanza si no se convierte en inteligencia y si no se materializa en una lucha sistemática y a muerte para erradicarlo. En éste contexto el sistema corrupto no va a claudicar. No sería raro que ya se estén preparando “candidatos” que capitalicen el malestar del pueblo y aparezcan como paladines de la lucha contra la corrupción. No sería raro que sacrifiquen a unos cuantos de los suyos para demostrar que han entendido las señales del pueblo. Pero cuidado argentinos con pensar que del sistema corrupto va a salir el salvador de la Patria. La salvación de la Patria está mas que nunca en manos de la sociedad entera en la medida en que se organice inteligentemente y esto es posible conformando una red de lucha contra la corrupción. Las redes inteligentes son el camino para terminar definitivamente con este flagelo.

 

 Constituir una Red Argentina de lucha contra la corrupción es  una necesidad imperiosa de la sociedad argentina porque aparece como la única alternativa no violenta y democrática de transformar nuestro país.

 Es la propuesta  que acompaña la posición crítica y realista  que hemos adoptado en este trabajo.

 Hemos recorrido la realidad argentina en casi todos sus aspectos y nos hemos focalizado particularmente en la gestión pública sin afán de conformar una denuncia penal.  Quién piense que aquí faltan pruebas es un ciego o un miserable corrupto. Las pruebas sobran para quien quiera verlas y la sociedad argentina lo sabe perfectamente. Si alguien no comparte o piensa que son arbitrarios los juicios que de aquí se desprenden está mintiendo o vive en Marte al igual que la justicia argentina. ¿Cuantos procesos por incumplimiento de los deberes de funcionario público hay en Argentina?, ¿cuantos condenados?. Daría risa ver estas estadísticas cuando cualquier empleado o usuario de  un organismo o servicio público es un testigo de atrocidades que no resisten el menor análisis. 

 

Hemos presentado un enfoque metodológico que permite plantear la problemática de la corrupción con un esquema conceptual simple, determinar la corruptibilidad de un sistema y analizar su integridad. Este enfoque básico constituye una herramienta poderosa en manos del pueblo. El pueblo debe saber cual es la corruptibilidad de una organización pública en todo momento y forzar a que los sistemas de gestión respeten pautas básicas de integridad.

 

Hemos aplicado el enfoque metodológico al análisis de las contrataciones de servicios tercerizados por parte de un organismo hipotético, pero que resulta paradigmatico del manejo de los asuntos públicos.

 

Hemos concluido que hace falta una revolución para desmantelar el sistema corrupto argentino y que esa revolución la tiene que llevar adelante la sociedad argentina.

 

Cuando pensamos en el “¿cómo?”, llegamos a la conclusión de que la alternativa válida dentro del encuadre democrático y pacífico es la conformación de una red argentina contra la corrupción que ejerza un severo control social de la gestión del estado. Esta red no puede estar vinculada a la esfera oficial. Esta red tiene que tener tanta independencia como poder de acción. Esta red tiene que expandirse en la sociedad de la misma manera que lo hizo el sistema corrupto y es su contrapartida. A cada corrupto le opone un íntegro, a la corruptibilidad le opone la integridad. A la cultura del chanta y del traidor le opone la nobleza y  el patriotismo. A la injusticia y la impunidad le opone el imperio de la ley.

  Cuando pensamos en el ¿cuándo?, la única alternativa es; “ahora”. 

 Cuando nos preguntamos ¿dónde? , la respuesta es; en las “organizaciones públicas” porque constituyen templos donde se despliega el sistema corrupto.

 Si nos preguntamos “quienes”, la respuesta es “los argentinos”, los que “planchan” en este baile, en la famosa fiesta del señor aburrido que terminó con nuestra Patria.

Los argentinos que con su esfuerzo mantienen funcionando lo poco que funciona, empleados públicos, empresarios, jueces de verdad, abogados de verdad, economistas de verdad, jóvenes, científicos, educadores, religiosos, obreros, profesionales de la salud, amas de casa, militares, policías, desocupados, piqueteros, chacareros, industriales, niños.

 La otra Argentina que también existe, la de aquellos que no claudicaron, que no se vendieron, que no traicionaron sus principios y sus ideales y fueron expulsados de los lugares de decisión y conducción de nuestra Patria. La Argentina del justo, del noble, del honesto, del solidario, del respetuoso, del tenaz, del creativo, del inteligente, del responsable. La Argentina de la ética y no de la moralina hipócrita.

 

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12  -Conformación de la red

 

La Red Argentina contra la Corrupción no tiene dueño. Se conforma por las voluntades de quienes quieren otra Argentina , ansían vivir como argentinos y entre argentinos, compartir un destino común, mas allá de cualquier otra cuestión ideológica, económica o política.

  Su fundamento está en cinco pilares básicos e “incorruptibles” ante los embates de la razón, de la pasión, de la ideología , del dinero, del poder o ante  cualquier otro agente.

 El primer punto hace a una cuestión elemental que es el patriotismo. Ningún argumento, pasión, ideología, presión interna o externa puede contrarrestar el amor por el País en que uno a nacido en su esencia,  ni puede doblegar voluntades para forzarlas o inducirlas a hacer cosas que vayan en contra de su integridad, de su soberanía y de quienes allí habitan. Esto es una declaración de principios. La red solo puede estar conformada por argentinos nativos o de alma, que se sientan orgullosos de serlo y sean capaces de defender a su país, sus tradiciones y a sus habitantes. El patriotismo es lo único que da sentido al esfuerzo por el bien común. Los Gobiernos en manos de traidores nos someten a terribles esfuerzos que ni siquiera nos prometen un futuro mejor. Ajustes, recortes, incautan nuestros bienes y nunca sabemos cual es el plan, cuanto tiempo llevará y cuales serán los beneficios. Sí sabemos que en definitiva siempre es para robar o seguir robando o para cobrar sobornos "estratégicos" por parte de inconfesables intereses extranjeros. Por eso cada vez se recauda menos, por eso cada vez hay mas dinero en el exterior, por eso Argentina no puede crecer. Así es que sin patriotismo no hay un sentido  que nos aliente para poner el hombro. El patriotismo aquí es simplemente poder decir con certeza,  - estoy trabajando para el futuro propio, para el futuro de mis compatriotas y el de quienes nos suceden,  nuestros hijos y generaciones futuras. Lo que ponga de esfuerzo es para un fin superior y para un fin inmediato. El patriotismo es lo que nos permite trabajar simultáneamente sobre lo urgente y sobre lo importante.

 

El segundo punto hace a otra cuestión no menos elemental que es la honestidad. Si partimos de la premisa de que somos argentinos entre argentinos, compartiendo un destino común, no hay lugar para la estafa, la explotación y la traición. De una vez por todas queremos vivir confiando en el otro. Si uno es incapaz de estafar  o robar quiere interactuar con pares, quiere comerciar con pares, quiere ser conducido por pares, quiere dormir con las puertas abiertas y dejar las llaves del auto puestas, la bicicleta apoyada en el arbolito. Si fui estafado y otro fue estafado, quiero juntarme con ese otro y aunar esfuerzos para que no haya un tercero. Hay gente honesta en Argentina, en un contexto de desconfianza donde un honesto no reconoce a otro honesto y donde un estafado es impotente en su soledad y desamparo.  La red es una red de gente honesta y excluye explícitamente a los deshonestos. La red es una red de empresas honestas que son fieles a sus  empleados, a sus clientes, que a su vez son también honestos y leales a las empresas. La red es una red de empleados públicos que trabajan por el País y no admite funcionarios deshonestos. La red es una red de trabajadores honestos que quieren realizarse con su esfuerzo y en un marco de dignidad. La red es una red de honestidad.

 

El tercer punto es la tolerancia cero a cualquier manifestación del sistema corrupto. La red es una red de gente íntegra y como tal tiene que forzar integridad. La red es una red de convivencia entre gente honesta y una red de denuncia y de acción. En todos los casos la red debe contar con mecanismos de respuesta frente a la arbitrariedad del sistema corrupto. En todos los casos quienes forman parte de la red deben adherir a las medidas correctivas e integrativas que provengan de la misma red. La pertenencia a la red implica un compromiso, el compromiso es un compromiso de acción que no admite la comodidad.

El cuarto punto es el de la solidaridad. La red es una red solidaria para con sus miembros y sus miembros son solidarios para con la red. A su vez la red es solidaria con la sociedad entera en la lucha contra la corrupción

El quinto punto es el apostolado. La red opera difundiendo integridad y sus miembros son apóstoles de patriotismo, honestidad y solidaridad, son la vanguardia en la lucha contra la corrupción y operan concretamente para erradicarla por todos los medios. La red es un seguro solidario en el cual cada miembro con su aporte cubre los riesgos que representa el sistema corrupto para toda la sociedad.

PATRIOTISMO
HONESTIDAD
ACCIÓN
SOLIDARIDAD
APOSTOLADO
 

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13 - Aislar al sistema corrupto

La Red Argentina contra la Corrupción debe operar como una barrera contra el sistema corrupto y es la base de la fundación de una nueva Argentina. La red no constituye un instrumento para "cazar brujas". Simplemente crea un contexto donde los corruptos no tienen lugar y  los chantas no tienen lugar porque sus códigos están condenados al fracaso. Su funcionamiento se basa en el coraje, la inteligencia , la disciplina  y la integridad de quienes la conforman y en su propia dinámica de funcionamiento. Su misión es erradicar la corrupción en la gestión pública y de la dinámica social generando una cultura de la acción  y de la potencia como contrapartida de la tremenda pasividad y resignación que la gente honesta ha mantenido todos estos años ante la traición que nos llevó a la triste situación actual. Aislar al corrupto significa oponerle la ley toda vez que intente moverse, significa decir que no a una orden ilegal cuando el corrupto manda, decir que no a una  arbitrariedad cuando la ignorancia o la intención corrupta pretende imponerla, decir que no a una gestión pública que no tiene plan  y transparencia en su accionar e imposibilitar la acción improvisada. La red solo vuelve difícil sino imposible el accionar corrupto. Si un banco fue desleal a un cliente miembro de la red, la red responde por ese miembro y ningún miembro de la red operará con ese banco. Si un almacén vendió un alimento en mal estado a un miembro de la red, ningún miembro de la red comprará más en ese almacén y la red patrocinará las medidas legales que correspondan a través de los canales específicos.  Si una compañía de telefonía celular incrementa sus tarifas o cambia las condiciones pactadas, ningún miembro de la red operará con esa compañía hasta tanto la misma deponga su actitud. Si un organismo público maltrata a un miembro de la red con demoras injustificadas en trámites o cualquier otra arbitrariedad, la red entera reaccionará para denunciar y actuar contra esa arbitrariedad. Aislar al sistema corrupto es hacer que los corruptos no se la lleven "de arriba" ni por abajo. Si una empresa "íntegra", miembro de la red pierde una licitación por competencia desleal, la red entera reaccionará para que se revea esa contratación y adoptará las medidas de aislamiento de las empresas desleales. Si un empleado público miembro de la red denuncia una irregularidad en la organización en la que trabaje, la red protegerá su fuente laboral y realizará acciones inmediatas para desbaratar la maniobra de la que se trate. Así debería operar la red argentina contra la corrupción, haciendo valer el peso de la gente honesta e íntegra con la fuerza de la ley  y de otros también honestos e íntegros. ¿Parece utópico?. Sin embargo también parecía utópico que la corrupción alcanzara los niveles que alcanzó, que tanta gente se haya enriquecido tan fácilmente a costa de mucha otra gente y que el país se convirtiera en una porquería como hoy lo vemos, rendido a los pies de usureros y prestamistas, con los mas altos niveles de desempleo y de miseria, sin patrimonio, sin soberanía, y lo peor de todo, sin esperanzas.

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14 - La primera meta

 

La Red constituye un instrumento posible para llevar adelante la Revolución Argentina contra la Corrupción. Como hemos visto en casi todo lo expuesto en éstas páginas, la corrupción está enquistada en la gestión pública, y éste ha de ser el primer objetivo sobre el cual deben orientarse los recursos y las acciones para eliminar este flagelo de una vez y para siempre. El control social de la gestión pública es la herramienta fundamental para lograr este cometido. Para alcanzar este objetivo la sociedad debe comprender que no es posible resignar la administración de las organizaciones públicas que son las que materializan el accionar de los poderes, a corruptos, improvisados y traidores y que tampoco se puede confiar la responsabilidad sobre la elaboración y ejecución de presupuestos millonarios a organizaciones que no cumplen con requisitos básicos funcionales y técnicos para llevar adelante la misión que tienen encomendada. La sociedad no puede seguir tolerando organismos sin estructuras funcionales que se correspondan con sus objetivos, sin normativas, sin políticas de recursos humanos, sin mecanismos de control de gestión, sin planificación estratégica, donde los cargos son “políticos”, donde rigen las ordenes verbales y espasmódicas, donde se cometen arbitrariedades en las contrataciones y  además los resultados ya se trate de productos o servicios que se desprenden de su accionar son de pésima calidad.  Para ello la sociedad debe saber lo que ocurre en cada organización, debe saber cuantos contratados incorporó una nueva gestión, debe conocer los prontuarios de los administradores, debe saber sobre la corruptibilidad de cada organización y promover la integridad.

 

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15 - La red y la integridad en la gestión pública 

La red argentina contra la corrupción aspira a insertarse en la gestión pública a través de sus caballos de batalla que son los empleados públicos. La sociedad tiene que saber que en cada organismo público, lo poco que funciona, funciona por el esfuerzo de unos pocos que luchan desesperadamente por preservar su fuente de trabajo de la mejor manera, agregando valor a sus tareas en un contexto hostil representado por el sistema corrupto. Estos empleados públicos son honestos, trabajadores, conocen las organizaciones y saben que cosas están mal, saben cuales son los problemas y cuales son las soluciones.  Aspiran a realizarse a partir de su esfuerzo personal y a recuperar la dignidad del empleo público. Quisieran sentirse orgullosos de su aporte a la Nación y a la Sociedad y no constituir los objetos del repudio de la opinión pública,  que descarga  en ellos su indignación por la mala calidad de los servicios y resultados de las organizaciones y los incluye en una bolsa común,  bajo los apelativos de “burócratas, ineficientes, cagatintas y vagos”. Sin embargo estos empleados públicos son el instrumento mas poderoso para transformar  las organizaciones y para fortalecer su integridad. Su aporte supera con creces el costoso y hasta ahora inconducente  accionar de consultoras que en definitiva obtienen su información de éstos mismos empleados y terminan al servicio de la corrupción y el poder de turno.  La red aspira a separar la paja del trigo y reclutar a los mejores en todos los niveles de las organizaciones públicas  y constituir la vanguardia de la lucha contra la corrupción. Asimismo a brindar el apoyo logístico y la cobertura legal para que puedan desarrollar su noble misión. Por otra parte, la red incluye la representación de ciudadanos o usuarios de las organizaciones oficiales, como parte fundamental en la tarea de control social de la gestión pública.

 La cobertura legal de éstos empleados debe estar garantizada mediante una red de integridad en medios judiciales que protejan la fuente laboral y la integridad física y moral de los miembros de la  red que ocupan empleos públicos. Por otra parte la red debe garantizar medidas inmediatas que impidan cualquier accionar corrupto o presumiblemente corrupto con impacto en el patrimonio de la organización que se trate o en la calidad de los servicios que brinda, como ser contrataciones de servicios, compras de insumos, contratación de personal, improvisaciones, asignaciones de personas sin competencias para la función, despidos injustificados o cualquier otra arbitrariedad. La red debe lograr paralizar de antemano cualquier accionar que obedezca al sistema corrupto o que vulnere la integridad de las organizaciones.

 

Otro eslabón fundamental está constituido por  los mecanismos de difusión y denuncia pública de arbitrariedades. Para ello la red debe contar con mecanismos de registro, difusión y seguimiento de desvíos detectados en la gestión pública. Para ello tendrá que trabajar con periodistas y medios masivos que acrediten integridad, y no se vendan al mejor postor.  En síntesis el punto crítico para comenzar la Revolución contra la Corrupción son las organizaciones públicas. La oportunidad está en la misma gente que trabaja en ellas en quienes las padecen, los ciudadanos.  

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La red argentina contra la corrupción agrupa gente honesta que padece la irracionalidad e impunidad del sistema corrupto. La pertenencia a la red consiste simplemente en decir abiertamente que uno es honesto y capaz de comprometerse. Decir que uno es un hombre de bien,  capaz de vivir como tal y compartir un canal de acción con otras personas de bien. Pertenecer a la red es hacer saber a la sociedad que uno es una persona íntegra y  juntarse con quienes también lo son. Simplemente consiste en sumar y agrupar lo que hoy está dividido por el sistema corrupto y en cada uno de nosotros. Hoy por hoy no podemos saber cuantos somos quienes queremos a nuestra Patria, quienes queremos que impere la ley, quienes queremos vivir en paz y trabajar para nuestro crecimiento y el de nuestros hijos, quienes mas allá de nuestras ideologías no claudicamos en nuestros principios básicos. No hay ideología o bandería de cualquier índole que justifique destruir a nuestra propia Patria, demoler sus tradiciones, empeñar sus recursos y condenar a la marginalidad y la muerte a millones de argentinos. Tampoco ningún ideal, posición intelectual o religiosa avala la traición, la estafa, la chantada. En los puntos básicos que constituyen la  base ética de la Red no hay confrontación posible. Podrán discutirse los métodos, las formas de abordar los problemas pero si nos consideramos argentinos  los principios que unen a los miembros de la red están fuera del ámbito de discusión. Quien afirme que Argentina  no vale la pena, quien afirme que hay que ser deshonesto, que hay que ser corrupto, que nada se puede hacer con la corrupción sino tolerarla, quien no sea capaz de mover un dedo por su Patria, por la comunidad , por sus hijos o  por sí mismo, no tiene lugar en la red.

  Pertenecer a la Red significa en principio registrarse. La red es en primera instancia un registro de gente, una base de datos de gente honesta que asume el compromiso de actuar como tal en su ámbito y en la comunidad. La honestidad en Argentina es casi sinónimo de estupidez. Registrarse en la red supone el coraje de desmantelar este estigma que el sistema corrupto ha instaurado en la sociedad argentina. Registrarse en la red es un acto de responsabilidad ante la comunidad y ante uno mismo y reemplaza la vana descarga de la queja y el enojo. Convierte la queja y el juicio fácil en un compromiso de acción. Mejor que quejarse es hacer, y mejor que declamar es dar testimonio de patriotismo y honestidad en los hechos. Por otra parte la pertenencia a la red es un garantía de resguardo frente a la impunidad del sistema corrupto. Todos sabemos lo que significa el sentimiento de soledad e impotencia y humillación frente a las arbitrariedades a las que nos somete la vida en nuestro querido país, que parece funcionar sistemáticamente en contra del ciudadano. Pertenecer a la red es separar la paja del trigo y actuar en consecuencia ya que sitúa nuestro padecimiento en el lugar justo. No es el país “en abstracto” la causa de nuestras penurias sino concretamente el accionar del sistema corrupto. Muchas voluntades responden por el problema de cada miembro.

 

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16 - Presentación Red Argentina Contra la Corrupción

 

Es un instrumento de control social de la gestión pública y de promoción social de la integridad

 Un programa integral  y coherente de Acción Ciudadana

  Un abordaje sistemático del problema de la corrupción

  Un espacio de participación activa y coordinada de la sociedad

  Un arma poderosa para aislar al sistema corrupto.

  Un mecanismo eficaz de promoción del Imperio de la Ley

  Un compromiso social de integridad

 

Sus objetivos generales son:

 

1 - PROPICIAR UNA VERDADERA REVOLUCIÓN CONTRA LA CORRUPCIÓN

2 - PROMOVER UN CAMBIO CULTURAL EN LA SOCIEDAD ARGENTINA

3 - INSTAURAR UN RÉGIMEN  DE   CONTROL SOCIAL DE LA GESTIÓN PUBLICA

4 - PROMOVER  LA INTEGRIDAD EN LA VIDA COMUNITARIA

5 - ABOGAR POR EL IMPERIO DE LA LEY

 Y específicamente:

 

 CONCIENTIZAR  A LA SOCIEDAD  SOBRE  LA MAGNITUD  DEL  FLAGELO

La sociedad tiene que comprender que la corrupción no es un problema secundario sino el PRINCIPAL problema argentino.

La sociedad tiene que saber cuanto cuesta el sistema corrupto. Tiene saber que casi un 60% de los recursos del país se esfuman en los bolsillos de los corruptos y en la gestión pública ineficiente y que el resultado final es la destrucción de Argentina como país soberano.

La sociedad tiene que darse cuenta de una vez por todas que la falta de creatividad, la falta de visión estratégica y patriotismo, la  falta de iniciativa para generar nuevos recursos, para desarrollar las exportaciones, para generar fuentes de trabajo es absolutamente responsabilidad del sistema corrupto.

La sociedad tiene que entender que el endeudamiento externo que nos paraliza es responsabilidad del sistema corrupto.

La sociedad tiene que entender que el crecimiento de la pobreza y la marginalidad es consecuencia directa del accionar del sistema corrupto.

La sociedad tiene que entender que en su pasividad y fragmentación, en su falta de criterio y resignación a la hora de votar,  es responsable de que el sistema corrupto haya llegado tan lejos como llegó.

La sociedad argentina tiene que entender que no se puede decir “este es un país de chantas” y seguir tolerando que los “chantas” nos gobiernen, porque pronto tendrá que decir: Argentina “era” un país de chantas y ahora no es más un país.

La sociedad argentina tiene que saber como opera el sistema corrupto. Tiene que saber donde y cuando opera,  y no esperar un escándalo muchas veces oportunista y al servicio de intereses también corruptos. 

La sociedad argentina  tiene que entender que la corrupción está enquistada profundamente en la vida cotidiana y que erradicarla implica un cambio cultural que es una cuestión de vida o muerte.

La sociedad argentina tiene que entender que los problemas, hasta un cierto nivel pueden resolverse con viveza, pero cuando se trata de algo serio se necesita inteligencia, y gestionar el futuro de millones de personas no es un asunto para vivos.

La sociedad argentina tiene que entender que el chanta, el vivo, solo se manejan con las herramientas que pueden manejar para obtener el resultado mas fácil y provechoso para ellos mismos. No está dentro de sus posibilidades planificar, utilizar herramientas modernas de gestión, pensar en el provecho de muchos y en el mañana. Esto no es compatible con la responsabilidad de conducir los destinos de un pueblo y administrar sus recursos.

La sociedad argentina tiene que aprender a discernir  entre algo serio y una chantada, tiene que poder trascender los grandes titulares y elocuentes discursos para evaluar contenidos.  Tiene que entender que la política es el arte de gobernar, no de manipular y que si un señor es bueno cantando es mejor que siga cantando.

 La sociedad argentina tiene que entender que el estado y la gestión pública es un banco en el que deposita el porvenir de su patria y de sus hijos.  Si el Pami fuera un banco, quién se animaría a confiarle su plata?. Exigir la transformación de las organizaciones públicas es un deber de la sociedad.

 La sociedad argentina tiene que aprender de una vez por todas porque si no lo hace se extingue.

 

     AISLAR AL SISTEMA CORRUPTO DE  LA GESTIÓN PUBLICA

La gestión pública se desarrolla mediante el accionar de organizaciones que van desde ministerios a municipios, pasando por juzgados, comisarías, aduanas, superintendencias, secretarías, subsecretarías, etc.  Si esas organizaciones no funcionan, el estado no puede funcionar. Esto es una realidad absolutamente clara y evidente para quien quiera observarlo. En Argentina todo el aparato oficial está totalmente a merced de la “política” y  por ende de la corrupción.  Sistemáticamente muchas organizaciones otrora “organizadas” fueron desmanteladas hasta niveles insospechados.  Es muy común que quien las recorre y escucha a los empleados de la primera hora oiga hablar de una “edad de oro”. Así como varias culturas comparten el mito del diluvio universal, casi todas las organizaciones públicas argentinas han tenido alguna vez esta “edad de oro” y aquí  sí,  estamos hablando de que todo tiempo pasado fue mejor. Cuando uno analiza los contenidos asociados a estas descripciones de los viejos tiempos, se sorprende de ver reflejados aspectos elementales de funcionamiento para cualquier organización.  Lo que añoran estos pioneros de la administración pública son los tiempos en que las organizaciones estaban orientadas a la misión para la cual habían sido creadas, existían normativas y procedimientos, existían controles, existía una carrera administrativa, existía cierta dignidad por ejercer la función pública y sentimientos de pertenencia. Se cuidaban las cosas y las cuentas como si fueran propias. Cada persona tenía un trabajo y una responsabilidad mas o menos nítida y en todos creían estar aportando algo para cumplir  con la misión. No es lo que uno ve actualmente en la mayoría de los organismos públicos. Aislar al sistema corrupto de la gestión pública implica un retorno de cada organismo a su misión.  La misión de los organismos en la era de la corrupción es satisfacer la voracidad de los traidores, ladrones, asesinos impunes. Su peor enemigo es justamente la “organización”. Por eso las organizaciones públicas no se desarrollaron ni por el camino de la mejora continua, ni de la reingeniería, ni de la digitalización. Por el contrario, tenemos organizaciones muertas y en estado de descomposición que costaron y cuestan una fortuna que no concuerda en absoluto con el servicio deficiente que brindan a la comunidad y a la Nación Argentina.  Es muy fácil echarle la culpa a los empleados, cuando en realidad el impacto de la corrupción ha sido determinante del nivel de deterioro que alcanzaron los organismos oficiales.

 La red aspira en convertirse en un monitor social de cada organismo público, generando mecanismos de trazabilidad de la gestión e interponiendo diques al accionar corrupto. La red es una red de denuncia sistemática, de acción patriótica y ciudadana. Es una red de servicio a la comunidad estafada y condenada al sin sentido y la frustración. La red dictamina en forma rápida  y eficaz  cual es el nivel de corruptibilidad de un organismo, cuales son las fallas  que la hacen vulnerable a la corrupción y determina un plan de integridad concreto y específico para cada institución pública. Una gestión que no ejecuta el plan de integridad es corrupta. Una gestión que no realiza ninguna acción para promover integridad es corrupta y la sociedad podrá saberlo y poner en marcha todas las herramientas con las que cuente para aislarla e inmovilizarla.  La red aísla en primer instancia al sistema corrupto simplemente “marcando” los puntos y el contexto donde opera o pretende operar. Una organización que contrata sin la integridad necesaria para hacerlo es corrupta. Una organización que incorpora personal sin que exista una demanda fundamentada para cubrir vacantes es una organización corrupta. Una organización en la que no existen instancias de control de gestión es una organización corrupta. Una organización en la que no se planifica  es una organización corrupta. Una organización  en la que las personas no ocupan puestos de responsabilidad de acuerdo al perfil requerido para asumirla es una organización corrupta.

Una organización que no  funciona integradamente para el logro de sus metas es una organización corrupta. Una organización que brinda servicios deficientes a la comunidad o a la ciudadanía sin ninguna política para mejorarlos es una organización corrupta. No resulta difícil hacer el diagnóstico de corrupción y difundirlo para que la sociedad en una primera instancia abra sus ojos y vea.  Si uno está ciego difícilmente pueda hacer algo. Si uno “ve” ya puede pensar en algo. La sociedad argentina está cegada por los titulares y no puede precisar lo que desde su indignación llama “Corrupción”. Dice que los que nos gobiernan roban, que algún funcionario se la llevó toda, que son todos coimeros, pero no dispone de un instrumento que le permita saber puntualmente como se roba, donde se roba y que hacer para evitarlo. La red cubre ese vacío y da contenido a l a indignación popular. No el contenido abstracto de un titular de diario, sino un contenido simple y concreto para convertir la indignación en acción.  Si el corrupto es político o está apadrinado por un político, ellos saben bien lo que significa estar, en la mira de la sociedad más en estos tiempos de escraches y cacerolas.  Por eso, simplemente mostrar, señalar, encender una lampara de alerta contribuye al aislamiento del sistema corrupto. La red aspira en primera instancia a constituirse en un puntero que señala los síntomas de la corrupción.  Detecta los factores de riesgo y promueve acciones preventivas mas que curativas. La red es una red de promoción de la salud social y su filosofía es esencialmente la objetividad. La red no es una red de accionar impulsivo y solo opera sobre la evidencia. Los indicadores de corruptibilidad están ahí para que los compruebe cualquiera. Son elementos tangibles y concretos. No sirven para manchar o ensuciar a las personas sino para irrumpir en el sistema corrupto. Las personas son contingentes para el sistema corrupto y pueden cambiar las figuritas pero siempre es más de lo mismo. Por eso aislar al sistema corrupto de la gestión pública es un cometido que solo puede encarar la sociedad con inteligencia y la pasión siempre subordinada a la inteligencia y a los hechos.

 

    CONFORMAR UNA RED DE INTEGRIDAD SOCIAL

 

El sistema corrupto está enquistado en la sociedad argentina en casi todos los niveles del trajín nacional.

Sus manifestaciones en la vida cotidiana están asociadas al accionar de chantas, estafadores y ladrones que han contaminado, en complicidad con el déficit de integridad de la gestión pública  la posibilidad de transitar en un ámbito de confianza, lealtad y solidaridad. En un estudio realizado por un organismo internacional, Argentina es el país con el mayor índice de desconfianza por el prójimo.  La calidad de vida en un contexto como el planteado disminuye exponencialmente e impide justamente a la sociedad organizarse para combatir al sistema corrupto. Paralelamente se ha generado una cultura de confiar ciegamente en discursos vacíos y palabras bonitas. Así es que confiamos los destinos del País a traidores e ineptos, mientras que somos incapaces de confiar en nuestra propia madre.  Cuando un propietario pone un departamento en alquiler exige garantías de propiedades, si es posible dos y otras tantas que son incompatibles con el perfil de quién tiene que alquilar , y por la necesidad de un techo paga a un usurero que se las vende reales, o truchas. Lo que perdió ese propietario es la capacidad de distinguir una persona honesta de una que no lo es.  Esta desconfianza genera un costo tremendo a la sociedad argentina  que de última termina siendo ineficaz porque simultáneamente a las medidas cautelares prolifera la traición.  Generar una red de integridad social supone bajar el costo económico y social de la desconfianza y promueve un sistema de interacciones completamente diferentes y que suelen ser moneda corriente en otros países.  La red de integridad social funciona por un sistema de Membresía y mediante la firma de pactos de integridad por parte de sus miembros. Consiste en generar espacios de actividad marcados por las pautas que impone la red a las interacciones entre miembros. La red acredita la integridad de las partes y monitorea su desempeño a través de mecanismos sumamente simples y efectivos.  La red opera en este nivel de manera similar al descripto para el control de la gestión pública.

La red señala los puntos de integridad en la sociedad y los compromete de manera tal que los ciudadanos pueden optar entre interactuar con un punto de integridad garantizada o hacerlo a riesgo con otros puntos de integridad dudosa. El pacto de integridad constituye un instrumento social más que un instrumento legal y lo que allí se pone en juego es la lealtad, para con la patria, para con la comunidad, para con quienes participen del ámbito que se trate.

La red no admite que una empresa no pague sus impuestos, que no emita la facturación correspondiente o que actúe deslealmente en el sistema en la que está inserta y con sus clientes.  Si una empresa vende sus productos baratos por que son de contrabando y de mala calidad no acreditará integridad. Si un miembro de la red compra esos productos está violando el pacto de integridad y actuando irresponsablemente. La red no es una red de protección jurídica en primera instancia sino una red de protección social. Promueve la responsabilidad de sus miembros  y solo está sustentada en esa responsabilidad.

             DESARROLLAR E IMPLEMENTAR INSTRUMENTOS SOCIALES  DE  PREVENCION DIAGNOSTICO Y  ERRADICACION DE LA CORRUPCION

 La sociedad argentina esta absolutamente desarmada en materia de elementos de preservación y defensa contra el sistema corrupto. La corrupción existe como una entelequia,  representada por algunas figuras “emblemáticas” que de cuando en cuando desfilan por los tribunales. Decir que son todos, o decir que son algunos no contribuye en lo mas mínimo a entender y por ende a combatir la corrupción. Resulta imprescindible pues, si se quiere hacer algo para erradicar esta peste que nos está consumiendo, que la sociedad cuente con  instrumentos simples para poder prevenir, diagnosticar y generar acciones contundentes y efectivas. Estos instrumentos resultan del conocimiento de la problemática general acerca de cómo opera el sistema corrupto y de su aplicación al abordaje específico de los distintos contextos donde se desenvuelve. Si bien la corrupción es el principal problema que tiene la Argentina, la sociedad está lejos de tomar conciencia de esto.  Combatir la corrupción tiene su equivalente en lo que significa prevenir las enfermedades y promover la salud. No alcanza con combatir la enfermedad sino es necesario prevenirla. Las consecuencias de no haber tomado ningún resguardo en todos estos años está a la vista y estamos en pleno brote epidémico, con la dificultad que no aparecen los médicos ni las vacunas.

La red aspira a aportar todos los recursos técnicos y humanos para desarrollar un sistema de vigilancia que permita situar los focos de riesgo y operar sobre ellos desde “antes”.  Por otra parte resulta imprescindible trascender el diagnóstico de corrupción “post-mortem”, a modo de autopsia en la cual casi nunca se logra la prueba. ¿Cuántos condenados hay en Argentina por el delito de  incumplimiento de los deberes del funcionario público?.  El diagnóstico de corrupción no es una incumbencia exclusiva de la justicia o de lo que quede de ella.  No alcanza ni como escarmiento ni como medida correctiva.  El diagnóstico de corrupción no es una denuncia puntual hacia un funcionario, hacia una corporación. El diagnóstico de corrupción es un diagnóstico del sistema corrupto. Consiste en relevar indicadores específicos y objetivos en términos de ausencia o ausencia de factores de integridad. Si esos factores no existen hay corrupción o riesgo inminente de corrupción.  Si una habitación cerrada huele fuertemente a gas solo falta la chispa para que todo vuele. Los instrumentos de diagnóstico de corrupción constituyen un arma defensiva de la sociedad y ese carácter deben estar administrados por la sociedad. La red provee el encuadre técnico y logístico necesario para que se utilicen eficazmente.  Saber donde está la enfermedad es el primer paso para combatirla. Hoy la sociedad no sabe donde está la enfermedad y arremete contra políticos y figuras emblemáticas. Tiene cuatro o cinco prejuicios básicos acerca de los organismos públicos pero sigue fascinada por el personalismo. El país está así por Menem, Cavallo, de la Rúa o quien fuere. Eso no quiere decir nada y la sociedad tiene que aprender a diagnosticar la corrupción y señalarla. Argentina no es EEUU ni Francia, donde resulta tremendamente difícil ser corrupto y para serlo hay que eludir tremendas barreras de integridad. En Argentina es muy fácil diagnosticar corrupción porque prácticamente está desnuda ante nuestros ojos como consecuencia de la terrible impunidad con que se ha desarrollado el sistema corrupto. La impunidad tiene el aspecto positivo de que de alguna manera vulnera las defensas del sistema corrupto. El corrupto se siente confiado en Argentina por lo cual es fácil detectarlo para quien quiera hacerlo.  Está confiado porque no encuentra una sociedad organizada que pueda aunque sea marcarlo y señalarlo. Rápidamente “limpian” a quién pueda oponerse en los ámbitos públicos y en la selva social.  La red es como una luz en un escenario que apunta y sigue al sistema corrupto para no perderlo de vista. El tercer punto es, una vez diagnosticada la corrupción, como hacer para erradicarla?. Este es el punto mas difícil porque está condicionado a los dos puntos anteriores.  Desarrollar mecanismos sociales de erradicación  de la corrupción es una tarea sumamente compleja en la situación coyuntural de Argentina. Con la justicia desmantelada, con la prensa escasamente comprometida,  con un parlamento rentado, con una  sociedad fragmentada que no encuentra como vehiculizar  su impotencia de una manera racional y orgánica. La red está para utilizar todos los recursos vigentes y para generar nuevas estrategias para poder erradicar ejemplarmente a la corrupción de la gestión pública y de la sociedad argentina. Sin embargo la red constituye el espacio para empezar a trabajar o mejor dicho a combatir al peor enemigo que ha tenido que afrontar nuestro pueblo.

  PROMOVER  ENCUADRES LEGALES ESPECIFICOS Y ADECUADOS

La sociedad argentina ha caído fuera del imperio de la ley.  El sistema corrupto es el principal responsable y a su vez el principal emergente del colapso de la justicia argentina.  En Argentina hoy no impera la ley justamente en los puntos críticos por su impacto en la vida social y en los destinos de la República. La impunidad del sistema corrupto está a la vista y la padecen millones de Argentinos, directa o indirectamente. El parlamento rentado está prácticamente alineado con el sistema corrupto por lo cual jamás se verá una iniciativa que permita generar un encuadre adecuado para la prevención y erradicación de la corrupción.  La promoción de encuadres legales que permitan operar directamente sobre el principal problema del país no figura en la agenda de ningún representante del pueblo.  No hay ningún proyecto de ley que sancione ejemplarmente a los corruptos y a los corruptores. No hay ningún proyecto de ley que establezca pautas de gestión pública y que permitan determinar fehacientemente desvíos  en éste punto crucial. Delitos como el incumplimiento de deberes de funcionario público constituyen una rareza en la jurisprudencia argentina. Las sentencias son prácticamente inexistentes y si las hay declaran libre de culpa y cargo a funcionarios que han desmantelado organismos públicos, han malversado sus fondos, han tenido un pésimo desempeño con impacto patrimonial demostrable, pero aparentemente no hay nada fuera de la ley. La Argentina necesita un basamento jurídico sólido, claro y conciso en materia de corrupción, particularmente en la gestión pública. Aquí también la sociedad se ve obligada a tomar la vanguardia para presionar a los señores “representantes” a que lleven adelante la promulgación de leyes que la protejan del peor flagelo. La iniciativa está condenada de antemano si esperamos que surja de la central de corrupción que es el parlamento.  Si se salvan dos o tres entusiastas es mucho decir.  Debaten y debaten, o dejan de concurrir a los recintos por semanas enteras en momentos en que el país está en llamas. Solo la presión de la sociedad sostenida y con todas las herramientas posibles puede hacer trabajar a estos vivos o sacarlos a patadas (democráticamente hablando) y reemplazarlos por verdaderos representantes. La red constituye un vehículo que merced al aporte técnico de sus miembros detecta fallas de integridad en las leyes vigentes o la ausencia de leyes específicas para combatir al sistema corrupto.  Los ciudadanos deberán votar a los representantes que incluyan en sus programas la transformación del sistema jurídico argentino en materia de corrupción o utilizar todos los medios posibles para que los que estén de turno así lo hagan. No parece fácil. Tampoco parecía fácil hace unos años imaginarse que íbamos a llegar a donde hemos llegado.

Otro aspecto fundamental hace a la organización de la Justicia argentina para atender la problemática de la corrupción.  No existen tribunales especializados en temas de corrupción y en general se tratan solo los casos emblemáticos, llevados adelante por jueces que se eternizan en sus funciones, a veces aparecen como paladines, pasan unos años y resulta que son ladrones, coimeros, o con prácticas sexuales “diferentes” en la vía pública y difícilmente compatibles con la imagen que la sociedad querría tener de un juez. Así es la imagen que la sociedad tiene de la justicia argentina.  El sistema resulta perverso porque no existe una formulación de la pauta que simplifique la evaluación de cumplimiento o no. Nada verifica y los expedientes son imposibles de procesar por un solo ser humano.  En lo que ha corrupción se refiere uno puede imaginarse lo que puede implicar tratar de demostrar que un funcionario no cumplió con sus deberes cuando ni siquiera existe una nómina exhaustiva y determinante de esos deberes. Uno se imagina desde la ingenuidad y el sentido común que hay cosas que son blancas o negras. Si un funcionario incrementó el gasto de una organización en  20.000.000 de pesos al año contratando gente innecesaria no es algo difícil de demostrar.  Sin embargo, esto no parece estar incluido en los deberes del funcionario público y si no había necesidad no es difícil disfrazarla en un contexto de impunidad.  Pero si a eso le agregamos que ese mismo funcionario realizó contrataciones millonarias en forma directa o simulando una licitación?. Tampoco alcanza, porque seguramente el señor ese tenía las facultades para contratar. Uno puede hacer una lista de doscientos ítems y no alcanza para que alguien vaya preso y ni siquiera para obligarlo a pagar un mínimo cargo patrimonial por los desastres que haga. Nunca se contabilizan las consecuencias de ésta mala praxis habitual en la gestión pública.  La falla está en la falta de claridad de la ley y en la falta de “ganas” de la justicia argentina de combatir la corrupción.  Claro,  la integridad comienza por casa y algo falla en la integridad de la justicia argentina, de sus representantes, los jueces y en general de los abogados argentinos que mas bien adaptan su desempeño profesional a la ambigüedad y flexibilidad de las leyes, a la burocracia y a la irracionalidad en la administración de la justicia argentina, excepciones mediante.

La red entonces constituye una vanguardia para impulsar la formulación, promulgación y puesta en vigencia de un sistema jurídico específico para combatir el mayor delito y el peor flagelo que acecha a una sociedad que es la corrupción.

 

Conclusiones y descarga emocional

La principal conclusión que se desprende de la realidad reflejada en este trabajo es que estamos frente a la “conclusión” del País. Argentina está en un borde donde se juega su existencia o su desaparición.

La sociedad argentina no ha entendido o al menos no actúa como si entendiera el problema en su verdadera dimensión.

Sigue enredada en los discursos vanos y los titulares de los diarios, en el valor del dólar, en el corralito, en la noticia escandalosa u otros distractores sistemáticos que nos imponen concentrarnos en  calamidades actuales y del pasado, sin atender al verdadero problema.

 La sociedad ha creído y sigue creyendo:

 

         Que se puede seguir así y que es posible una salvación individual.

         Que la salvación va a venir milagrosamente sin que movamos un dedo.

         Que un País puede sobrevivir sin soberanía y sin dignidad.

         Que un País puede sobrevivir sin fuerzas armadas

         Que un país puede sobrevivir en manos de traidores, ineptos y ladrones

         Que se puede sostener un país sin el  patriotismo de los que mandan y de los   que allí habitan.

         Que no se puede hacer nada porque Argentina “es Así” y hay que irse.

         Que nada se puede hacer porque EEUU no quiere, el F.M.I. no da plata o         porque el Banco Mundial no lo aprueba, cuando en realidad nada se puede   hacer por que los traidores a la patria son los que gobiernan.

        Que los militares son todos malos y con ese discurso se desmanteló la    defensa nacional, la industria militar y el país está completamente indefenso.

         Que las compañías estatales eran ineficientes e irrecuperables y en lugar de sanearlas, regalamos la energía, el petróleo, el agua, el gas, los aviones, como si entregáramos nuestras mujeres y nuestras hijas por monedas a comparación de los beneficios que sacaron del País.

          Que las organizaciones públicas son ineficientes por los empleados que allí trabajan cuando en realidad son el botín de traidores y corruptos.

         Que un país puede sobrevivir sin industrias, sin el trabajo de sus habitantes, sin políticas de desarrollo económico y social, sin exportar valor agregado e importando frutas cuando en nuestro territorio los productores las tienen que tirar.

         Que la historia está ahí para recrearla a cada momento a conveniencia del sistema corrupto y no para aprender de los errores del pasado. Con éste argumento invalidamos lo que tenemos que hacer “ya” todos los argentinos juntos.

        Que se puede sostener un país que se dice democrático sin demócratas, sino con traidores, asesinos y ladrones distribuidos en los tres famosos poderes, arrogándose la representación del pueblo al que prácticamente han aniquilado.

        Que podemos seguir diciendo: hay que matar a todos los políticos, cuando en realidad somos incapaces de comprometernos mínimamente con la Patria y con la sociedad y si realmente hay que matarlos,  que los maten otros.

        Que lo que nos pasa es una película en la cual no estamos incluidos.

        Que un país puede existir sin que se paguen los impuestos.

        Que un país puede existir si se roba  el aporte de los ciudadanos.

        Que un país como el nuestro puede prescindir de los ferrocarriles, de la flota mercante, cuando en realidad la condición para esta creencia es que esté paralizado.

        Que cualquiera puede hacer cualquier cosa mas allá de su conocimiento y capacidad.

        Que cualquiera puede decir y opinar ligeramente sobre cualquier cosa.    

        Que es aburrido hacer las cosas bien.

        Que lo mas importante es la fachada y no los cimientos.

        Que la plata es lo único que vale la pena en el mundo y está por encima de todo, incluido el destino de la Patria.

         Que porque pusimos nuestros dólares en el colchón estamos salvados.

         Que porque tenemos nuestro dinero en un banco de New York estamos salvados.

         Que una persona que va en una cuatro por cuatro es una persona importante y respetable.

         Que una persona inteligente, estudiosa, seria y honesta es un imbécil o un loco.

 

Todas estas creencias y muchas otras están operando en nuestras cabezas aún cuando nos venimos derrumbando y en la medida en que no nos despertemos seremos  cómplices de la destrucción de nuestra Patria.

Sintetizando, los argentinos, cuando empezamos a despertar y vemos a donde hemos llegado nos damos cuenta de que somos ( y que Dios me perdone el lenguaje).

Unos reverendos pelotudos, porque a fuerza de estar en la pavada, en la “facha”, en el facilísimo, burlándonos de nuestros valores nacionales de nuestras tradiciones, tratando de salvarnos siempre a costa de los demás, haciendo leña del árbol siempre después que está bien caído, hasta aquí hemos llegado. Nos seguimos creyendo vivos y somos flores de estúpidos.

Unos hijos de puta porque somos capaces,  en nuestra pasividad, comodidad y ventajismo, de condenar a nuestros hijos, a nuestros padres  y a nuestros hermanos,  y de hecho nuestra pasividad y egoísmo frente a la situación actual nos hace responsables del futuro negro con el que habrán de enfrentarse y ya esto deja de ser boludez para convertirse en una hija de putez.

Unos cabrones, porque hemos entregado lo mas valioso que tenemos, nuestra Patria, por monedas y lo que es peor, por meras palabras.

Unos chupamedias del poder de turno, del discurso de moda que nos manipula como a títeres, obsecuentes ante chantas y traidores a los que rendimos homenaje mientras nos están destruyendo a nosotros junto con nuestra Patria.

Unos cagones y miserables, porque somos incapaces de decir en voz alta lo que pensamos y de jugarnos por nuestros ideales al punto tal que los ridiculizamos y hacemos como que no existen y solo cantamos el himno y gritamos viva Argentina, cuando nos tocan el bolsillo.

En todo eso nos hemos convertido o dejado convertir, como las ratas tras el flautista de Hamelin,  nos hemos dejado llevar hasta el pozo donde estamos que no es solo un pozo económico, también es un pozo de indignidad.

Pido disculpas si en este punto final el lenguaje se vuelve un grito de desesperación y de indignación por la parte que nos toca. Uno nunca se enoja más que cuando lo hace con uno mismo. 

Asumir esta responsabilidad y hacer este mea culpa es una invitación a deponer nuestra pasividad, nuestra chatura mental y nuestra cobardía y a decidirnos a entrar en acción. Hemos estado bajo una especie de trance hipnótico que nos ha desviado de nuestra esencia, que nos ha hecho perder conciencia de nuestra fuerza, que nos ha quitado la capacidad de discernir entre lo que está bien y lo que está mal para nuestra Patria, que no ha hecho silenciar nuestro criterio frente a verdaderas aberraciones que no tienen nombre,  que nos ha hecho resignar hasta lo mas valioso que tenemos, en manos de los de afuera  pasando por la intermediación de la mano larga de nuestros compatriotas, los traidores de adentro. Hubo gente lúcida en estos tiempos, no la hemos escuchado, hubo gente que anunciaba hacia donde estabamos cayendo, nos fuimos a Cancún, para no ser menos. Hubo gente visionaria que perdió su voz y su voto en el aturdimiento de la cumbia y de la salsa. Hubo gente que luchó para imponer una pizca de coherencia, de sensatez y fue avasallada, desgastada, ensuciada y como en el circo romano todos le bajamos el pulgar. Y ahora qué vamos a hacer? Quién nos va a socorrer? ¿El chapulín colorado?

  Ahora, si por fin nos decidimos y  empezamos a actuar,  estemos preparados, porque no será fácil, inmediatamente aparecerán: (Esto es una profecía):

 Los vanguardistas de la discordia que buscarán inmiscuirse y contaminar cualquier iniciativa nacional, espontanea y legítima para juntarnos. Sus armas serán las de siempre a saber;  el grito que tapa la voz sensata, la denigración y descalificación barata de quien ose decir algo coherente a favor de la Patria, el insulto que busca tapar la palabra y salir fuera de esa dimensión porque la palabra es una palabra de Patria. La asimilación rápida y barata  de cualquier discurso sensato a referentes ideológicos supuestamente repudiados por la sociedad. En realidad trabajan en todos los casos para descalificar y neutralizar cualquier iniciativa contra el sistema corrupto. ¿Las apariencias nos engañarán de nuevo hasta que ya agonizando nos avivemos?

Son los que buscarán ponerse a la cabeza,  hablando fuerte y empujando. Se arrogarán la representación de cualquier manifestación natural y le pondrán nombres equivocados a nuestros reclamos de argentinidad, plantearán objetivos diferentes a nuestras acciones claras y espontáneas, y si no los echamos a patadas terminaremos sin hacer nada porque de última no será lo que queremos hacer que es defender nuestra Patria.

Son los que irán a copar las asambleas populares, conformadas por la espontaneidad del reclamo legítimo, para tapar lo genuino y pertinente con un discurso de años 70 y hasta de 1917. De manera tal que en el aburrimiento y confusión la gente se irá a sus casas. Esto lo estamos viendo en nuestros días.

Son los que irán delante de las cacerolas espontáneas y pacíficas, rompiendo todo, incendiando, provocando a la policía porque su fantasía casi sexual es hacer que un compatriota que arriesga su vida por cuatrocientos pesos se convierta en un represor, cuando los dos tendrían que estar tirando para el mismo lado.  Una película repetida y nadie se anima a decir esto. Van para eso y logran eso, en el medio siempre muere alguien. Detrás queda la protesta genuina y el discurso siempre es el mismo.

Son los que viven refrescando el pasado, escrachando y profanando cadáveres para distraernos del presente lleno de “vivos” que han condenado a millones de argentinos y traicionado a su patria.

Aparecerán los mentirosos que se arrogan el “saber gobernar” y que nos harán creer que sin ellos y su “organicidad” no podremos salir de la crisis. Como los partidos políticos y gremios que frente a una manifestación espontánea del pueblo o de  los trabajadores cuyas causas ellos no atendieron, buscan después, ponerse a la cabeza para terminar de última solucionándole el problema a la patronal o al interés extranjero.

Vendrán los mercaderes de la última hora, que verán oportunidades de negocio aún en la revolución y se desesperarán por robar las migajas que quedan Buscarán coimear hasta en el remate  de las ruinas de la  República aunque para ellos tengan que convertirse en paladines de la anticorrupción.

Vendrán los escorpiones que han traicionado y quieren seguir traicionando a su Patria a intereses inconfesables respondiendo a estrategias foráneas cuyo objetivo hasta ahora bien logrado,  es esto que nos está pasando, este destino que padecemos todos los Argentinos y todavía no nos damos cuenta cuanto peor puede llegar a ser.

Vendrán directamente los de afuera, matarán si es necesario, porque no claudican en sus planes nefastos para el desarrollo de nuestros países. Y cualquier alternativa nacional, cualquier movimiento que se fortalezca para aniquilar el sistema corrupto es un enemigo del primer mundo del que definitivamente no quieren que formemos parte.

Vendrán los intelectualoides argentinos, manual bajo el brazo, analizarán cualquier iniciativa que vaya a favor de Argentina, con modelos teóricos que nunca funcionaron, ni para mejorar nada ni para entender nada. Sirvieron como encuadre para generar discordia y destrucción siempre  al servicio inconfesable del interés foráneo. Utilizarán sus conceptos traídos de los pelos, inventarán otros, para que la teoría encaje porque nunca les encaja la iniciativa nacional y constructiva, nunca les encaja Argentina. Hablan de Bonapartismo, de populismo  de oligarquía, de capitalismo tardío y otras yerbas porque en última instancia no quieren entender nada de nada  pero hacen bien su trabajo que de última es hacer que nadie haga nada por su Patria. Están siempre listos a proveer la vanguardia que en realidad lo que hace es siempre volver al eterno retorno de lo  mismo. Nunca promoverán una vanguardia de patriotismo, por lo cual siempre fueron cipayos, como los otros.  

Vendrán si de Patria se trata, los del otro lado. Los que piensan que todavía el problema argentino es erradicar el comunismo rojo, aquellos que se quedaron pegados a la guerra fría y al bloqueo a Cuba como si nada hubiere pasado en estos años. Piensan que el enemigo es el Che Guevara, la penetración de Moscú y la zurda. Son los paladines de la civilización “occidental y cristiana”, que dejaron al país ensangrentado y marcado a fuego con los estragos de la guerra sucia. Son carne de cañón y la contrapartida de los que vimos mas arriba, son los cadáveres de los profanadores de cadáveres de manera tal que en este debate entre muertos, se pierde el debate principal que es entender que hay que desmantelar el sistema corrupto argentino y defender a la Patria, unos y otros contribuyeron y siguen contribuyendo a la destrucción de Argentina. Unos y otros no asumen su papel en la historia argentina y si fueran leales a los supuestos ideales por los cuales siguen enfrentados estarían codo a codo a la vanguardia de la lucha contra el sistema corrupto argentino. En todo caso ni los que murieron de un lado ni del otro disputarían en un contexto de amenaza como el que nos toca vivir. Mientras tanto, los que sobrevivieron, o que en aquella época quién sabe donde estaban, en que bando estaban si es que estaban,  son los que encarnecidamente persisten en una lucha extemporánea, distorsionando la historia y en última instancia contribuyendo al fortalecimiento del sistema corrupto argentino y distrayendo la atención pública.  

Vendrán los voceros de la realidad, los periodistas y formadores de opinión, los que se ocuparán de servir y servirse de todos los avenidos que estuvimos caracterizando. Unos servirán para denigrar, otros para ridiculizar, otros para sacar de contexto y confundir, otros para ganar plata con el raiting, y también existirán los que desde allí quieran luchar por su País y su Patria.  Estos se la verán difícil porque los que manejan el negocio siempre están del otro bando.  

Vendrán los mas papistas que el papa, a urgar con microscopio a quienes luchen contra el sistema corrupto y alguna mancha encontrarán. Buscarán poner en falta como sea a cualquier argentino que lleve la bandera de la honestidad y del amor por su tierra y por su pueblo. Juego perverso y muy Argentino de sembrar la duda y dividir para reinar.  

Vendrán los imbéciles de siempre que con el afán de encontrar un lugar en el mundo buscarán protagonismo por pura vanidad, mas allá de su conocimiento, de sus incumbencias y con pretensiones de liderazgo y en esa carrera obtendrán alguna ventaja en desmedro de otros, seguramente mas capaces y comprometidos.

Si las cosas fueran bien vendrán los cambios de bandera, los pases de bando, y terribles corruptos aparecerán como socios fundadores de la lucha contra la corrupción.  Así ha quedado Argentina, con el operar de códigos sistemáticos que nos ha impuesto la corrupción que ya se lleva casi en la sangre, de la mentira que es la regla, de la chantada que es la regla, de la resignación que es la norma que tendremos que violar.

  Aquí va mi encuesta a cada ciudadano de este país ya en ruinas y la respuesta dirá que es lo que nos merecemos.  

 La encuesta tiene una sola pregunta; ¿Somos Argentinos o ratas?

  Si es lo segundo, todo este trabajo se desvanecerá en la nada como tantos otros y solo habrá servido para salvaguardar la dignidad de su autor con la gratificación de haber intentado algo más abarcativo que ponerse un cinturón de trotyl  e inmolarse. Junto con esa gratificación autista, se terminará de hundir el País entero y  tendremos el destino que nos merecemos y supimos conseguir.  

Si la respuesta va por la primera opción entonces tomemos conciencia de donde estamos y a tomar las armas para expulsar al sistema corrupto que ha destruido nuestra Nación y que hace imposible pensar que desde allí se pueda reconstruir. No se trata de golpe de estado, de terrorismo, de estallido social. Se trata de poner el hombro, las pelotas y la inteligencia para una verdadera resistencia y revolución.

Los argentinos tenemos que militar en un proceso revolucionario cuyo objetivo sea  la toma del poder. Es una guerra de liberación nacional que obedece a la mas genuina motivación que puede tener un pueblo que sufre las miserias de:

 

         Una usurpación extranjera sanguinaria.

         Una explotación del hombre por el hombre sin precedentes en nuestra historia

         Una opresión moral y material que tampoco tiene precedentes.

          Un futuro de aniquilación y genocidio, liderado por los traidores que nos          conducen que son ladrones de gallinas a comparación de lo que roban sus patrones de afuera.

   

ALGO HAY QUE HACER

 

Para ello el primer paso es organizarse a partir de aquello que nos une inexorablemente y trasciende cualquier diferencia de tipo ideológico, religioso o clasista.

 

Lo que nos une es la  ARGENTINIDAD.   No la Argentinidad del nacionalismo prejuicioso, telúrico y sentencioso, sino la Argentinidad del alma, del sentimiento genuino que nos hizo ir a la Plaza de Mayo un dos de Abril para el desconcierto del mundo y de nosotros mismos. 

La Argentinidad que nos hizo salir a la calle cuando por la corrupción de un arbitro perdimos injustamente un campeonato del mundo.

La Argentinidad del soldado que murió entonando el himno nacional mientras su avión caía en llamas. 

Hoy estamos perdiendo injustamente nuestra Nación y apenas sacamos unas cacerolas. La Patria está siempre  en nuestro ser, en nuestros corazones y en nuestra sangre, adormecida por la impotencia, por la frustración, por el dolor y el hambre pero lista para despertar aún desde el desfallecimiento y la sinrazón, lista para resurgir hasta en el corazón de los renegados. Decía Benedetti,  Patria es esa imperiosa necesidad de decir "Nosotros"

La Patria está sepultada por la represión mas infame que nos ha llevado a negarla, a creernos que podemos prescindir de algo que es constituyente, estructurante, y así estamos.

 Nos comportamos como argentinos virtuales hasta que el dolor, la indignación y el hambre nos recuerdan que somos argentinos de carne y hueso. 

Ahora mas que nunca sentimos en carne viva que éramos argentinos, que nunca habíamos dejado de serlo y acá nos queda optar por el camino de las ratas y seguir detrás de los flautistas que nos llevan a la perdición, o tomar el camino de la sangre, de la dignidad y pelear por lo nuestro y por los nuestros. 

Ser o no ser,  es la cuestión. Y ser argentinos implica estar juntos en éste trance y romper las barreras que nos impiden gritar lo que somos, y actuar lo que somos. Si juntos, nos permitirnos ese grito de desahogo y de furia, en ese sapucay temblarán los corruptos.  En ese grito de pura Argentina, empezarán a vislumbrar los traidores la noche de sus tiempos. Mientras  saldrá un sol de esperanza para nuestro destino que es el destino de Nuestra Patria.  

Un abrazo muy fuerte a mis compatriotas a quienes dedico estas líneas mientras me recorre una lágrima sentida de bronca e indignación, otra lágrima de respeto por quienes lucharon y murieron en otros tiempos , otra por los que luchan, son perseguidos  y mueren hoy,  y una última de emoción porque en éste preciso momento estoy escuchando el Himno Nacional y siento que si esa melodía se expande y junto con ésta lágrima contribuye al despertar de mis hermanos ya no me sentiré tan solo. 

Tal vez quien encare esta cruzada le toque caer en la gesta, a lo mejor también me toque morir, pero de verdad no me asusta porque perder la dignidad ya es estar muerto de antemano.

 

                            VIVA LA PATRIA CARAJO!!!!!!!!!!!!!!

 

 

 

 

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